¿Sólo follan ellos?

Por Diego Medrano.

Asisto en la Vetusta más clariniana a una comida con tres músicos de amplias resonancias nacionales. Casa Chus, barato, cerca del Oviedo viejo, primero un largo paseo por el mismo, con alguna parada y fonda, a título de reliquia. A mitad del condumio, a la francesa, hago ademán de ir al baño y me largo. Tengo una tara con los músicos, he de confesarlo: del sector creativo (pintura, literatura, música, teatro, cine, cómic) y con amplia diferencia, el sector más analfabeto que me he topado son los músicos. No entiendo por qué, dado que muchos son licenciados, fueron universitarios, pero haz la prueba, querido Guillot. Pregúntale a cualquier músico por Patinir, al sesgo, a ver qué te responde. A mis casi cuarenta años (este año los cumplo) busco un tipo de creador luminoso, nada fanfarrón y, no lo oculto, con algo de misterio sobre la creación, con enigma, alguien que sume y no reste, igual no sé explicarme.

La comida fue un tópico de los de pueblo: lo mucho que follan X, Y, Z, lo mucho que se drogan y lo mal que viven. Antes hacían giras cada cuatro años, no picaban piedra en bolos por provincias y se vendían sus discos como rosquillas: hoy justo lo contrario. Pero la gracieta, quitando las droguitas al lado, está en lo de siempre: lo mucho que follan. No tengo constancia expresa de que ningún creador (pintura, literatura, música, teatro, cine, cómic) folle más que un taxista, un frutero, un notario o un médico. He conocido a obreros de la construcción que ganaron concursos internacionales de belleza y las mujeres hacían cola en los baños de los pubs de moda para un engarce. He conocido repartidores postales saliendo con tres mujeres a la vez. He conocido fontaneros, portada de alguna publicación en cueros menores, a las que famosas folclóricas no dejaban de asediar con dinero. ¿El músico es el rey de las camas? Muchas mujeres me han confirmado lo contrario, que llegan muy mal al sexo, drogados o bebidos, y que aquello, lo que se fragua, pese a las ganas, no funciona por mucho y eufórico que sea el empeño.

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Truman Capote se lo preguntó en duda interminable: “¿Por qué los intelectuales se han llevado siempre tan mal con el sexo?”. Tal vez porque el sexo, si lo vaciamos de todo el componente intelectual o religioso, de pecado si quieres, de construcción metanarrativa, queda en nada, queda en deporte o gimnasia americana. Entiendo, eso sí, lo de los deportistas o actores, que debido a sus cuerpos, puede que tengan más facilidades, de entrada. Pero lo de los músicos, me da mucha risa. ¿Follar mucho es estar dentro del sistema? No me cabe duda. Follar, si nos ponemos muy puristas, tiene que ver con relacionarse, con tener don de gentes, con alternar, con ligar, con chacharear sin descanso, y ahí se tiene la oportunidad, el ligue que acaba en sábanas mojadas. ¿Es el creador, por antonomasia, un integrado? No lo creo. El creador siempre vive en los márgenes: precariedad económica, intereses intelectuales, mundo aparte… ¡Al hombre de guerra, financiero o constructor, economista o empresario, qué coño le van a interesar los libros! ¡Lo que le interesa es lo de siempre: ganar dinero, multiplicar su dinero, aumentar patrimonio, y todas las putas o borracheras que haya por el largo e impetuoso camino a la cima!

Ray Loriga estuvo en Oviedo, no pude asistir por una gripe que no me quito de encima ni con alicates, pero hace años decía una cosa muy divertida: algo así como que, antes, prefería estar con muchas mujeres poco tiempo, y que ahora elegía estar con la misma mujer el mayor tiempo posible, pero siempre teniendo presente el contraste anterior, la justa electricidad que de ahí provenía. ¿Por qué músicos analfabetos? Lo pienso y no lo entiendo. La música debería tener una parte literaria, muy culta, que es la letra, saber de poesía y de su metro, saber de las palabras y de su combinación; también, si te fijas, debería saber capturar imágenes, tienen poco espacio y tiempo para vender imágenes sorprendentes y curiosas, no entiendo lo del músico lego. ¿Tal vez por vago? ¿Por esfuerzo?

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A nuestro querido Umbral –cada vez me acuerdo más de él- todas sus aventuras con ninfas –y eso que era muy depredador en el momento, iba directo sin frenos- eran más literatura que realidad, ha confesado recientemente Pedro Jota Ramírez. No rechazo hablar de sexo pero hay que hacerlo muy bien, sin caer en la ordinariez o, en algo todavía peor, el lugar común, lo predecible. De la que venía hacía casa, la bufanda tapándome la boca y con mucho frío pese a las sucesivas capas de ropa (camiseta, camisa, jersey, abrigo) recordaba a Sabina. Una vez le elogiaron a sus hijas, y el tipo se enfurece y manifiesta que qué coño de grandeza hay en tener hijos, que los tiene todo el mundo, desde los camareros a los bomberos, desde los policías a los albañiles, y que la obra de arte está en el terreno de lo original, aquello de lo que no hay copia. ¿Pasa igual con el sexo? Fornica todo Cristo, lo de fuera es lo que se ve (los agujeros contados, las posturas sabidas) y tal vez la originalidad sólo esté en lo que pueda haber dentro. La originalidad de conocer a ésta persona y no a la otra; el yo siempre como original y opuesto a la copia.

Grandes folladores, grandes borrachos, grandes ricos siempre me han dicho lo mismo: “El sexo está sobrevalorado”. Es un placer, qué duda cabe, pero según ellos, el dinero era mucho más importante. Llegar a un éxito, a una posición y a un saldo. Vamos a llevarlo al extremo: ¿Tienes alguna seguridad que Alejandro Sanz ha follado más que Emilio Botín o Jesús Gil? Curiosamente, la distinción parece estar en el factor cuantitativo y no cualitativo. Parece que se habla de ganado. Te voy a contar cuál fue el detonante de irme, Guillot: no era el follar tal y como lo conocimos tú y yo, supongo, de ligar, de conquista, de saber atraer a una persona, de duelo íntimo, de exhibición de todas tus artes en lo que a seducción y risa se refieren, sino que hablaban de follar por “Grindr” y otras plataformas digitales similares. Penoso. El cenit de los nuevos tiempos: follar sin hablar. Follar sin palabras. Follar como quien defeca u orina, puro trámite. Follar sin saber si a la otra parte le huele el aliento a vaca.

Cela que fue muy putero, dijo aquello tan célebre de: “Pagar es lo más barato”. La puta solucionaba el trámite, según su punto de vista, y no pedía nada más a cambio. González Ruano fue más allá: “No es que en España se folle mucho o poco. Es que siempre follamos los mismos”. A mis cuarenta años, he descubierto que me gusta hablar mucho de amor o deseo, y poco de gimnasia. O el sexo es una construcción narrativa, una novela, una historia, algo que tenga un desarrollo, donde se vea una esgrima, un arte de mover las piezas, un ajedrez sentimental, o es bazofia mundana sin una cata de exquisitez. En esa adoración del sexo por el sexo, sin añadidos, veo mucho mundo adolescente, cómo si lo descubrieran por primera vez, cómo si la cuestión fuese estrenar o no la bicicleta. Y en aquella mesa, lo curioso, sí, es que tenían todos más de treinta años. No entiendo nada, querido Guillot, y me voy a tomar un caldo de marisco, a ver si pasan estos fríos de casi cuarenta años.