LOS HORTERAS ENGOMINADOS

Por Diego Medrano

Amigo Guillot: en los 80/90 había un engominado dandy (la estirpe entera de herederos de Mario Conde) cuyo par de títulos universitarios, Deusto, expedientes universitarios de matrículas y más matrículas, sorprendía al extraño y siempre, créeme, intimidaba. Eso dio paso, todavía no sé cómo, a todos los engominados de la Gürtel (el Bigotes, Correa, etc) que tienen algo de verbena de pueblo, de dinero sudado, de colocón hortera; ese poso, sí, de no haber leído, presumiblemente, un libro en la vida y haberse divertido un poco en plan ordinario, karaokes de carretera y afines. Salvador Sostres, en mitad del jaleo, me sorprende con sus rebuznos: “Lo de la financiación irregular de los partidos es una carraca cínica y falsaria. Todos los partidos que han gobernado se han financiado de modo irregular, y los que no han gobernado tampoco es que tengan las cuentas demasiado claras: Podemos, desde Venezuela hasta Irán, y Ciudadanos, desde el Ibex35 hasta Libertas. Podríamos continuar con la hipocresía de escandalizarse cada vez que uno de estos asuntos emerge, o quizás es mejor que nos dediquemos a resolver de una vez por todas el evidente problema que los partidos políticos tienen para financiarse”.

La Gürtel son una serie de señores muy juntitos, muy divertidos, con muchas mochilas de Adidas (de las de gimnasio) repletas de fajos hasta que uno, Ricardo Costa, cuando menos se lo espera, canta la mayor y tira de la manta. Nunca superó presentar su dimisión, como le exigió en 2009 Camps, porque ese cargo eran los doctorados de Conde, era el prestigio y haber llegado a algo. González Pons, amigo de Camps, calentó bien la hoguera de su caída, y ese rescoldo es el que le ha hecho cantar lo que no debía. A su propio hermano, Juan Costa, le vetan en un congreso del PP, con toda la ejecutiva engalanada, y eso seguía doliendo. Todo acaba, ante sede judicial, reconociendo lo irreconocible: sus conversaciones con Álvaro Pérez, El Bigotes, la disección de directrices superiores e inferiores, la destrucción del tinglado. Gürtel quedará en este país como la continuación directa o el prólogo imprescindible al segundo escándalo más gordo, Bárcenas, también con kilos de gomina encima. Muchos lo recordamos, febrero del 2009: Camps se sabe investigado por cohecho pasivo impropio; es finalmente acusado junto con otros tres cargos de su Ejecutivo y del partido de recibir regalos –trajes por valor de 12.783 euros- a cambio de conceder contratos públicos que superan los cinco millones de euros. Todo cutre, todo una representación de personajillos con ogro moviendo los hilos (Carlos Fabra está detrás del ascenso político de Costa, más gomina y gafas de sol, qué horror, finalmente condenado a cuatro años de cárcel por defraudar a Hacienda).

El pacto inicial era declararse culpables: Fabra, Víctor Campos (exvicepresidente del Gobierno valenciano) y Rafael Bertoret (exjefe de gabinete de la consejería de Turismo). En el último momento, minutos antes de la vista, cuando la gomina cae o se convierte en caspa, cuando el milagro fluorescente, el expresidente de la Generalitat cambia de parecer y se declara inocente, obligando a Costa a hacer lo mismo, sin tenerlo previsto en agenda. Una traición que Costa, según amigos suyos, no ha olvidado en todos estos años, aunque ambos salieron absueltos tras seis semanas de juicio. La venganza pudo más que la cordura: a finales de este pasado enero, en sede judicial, Costa se venga y reconoce que el PP valenciano se financió con dinero negro por orden de Camps. Dos horas duró el relato pormenorizado de dónde, cómo y cuándo. Vuelve, como regalo, el banquillo para Camps, y así pasan el rato. Seguidito de Costa llegó el Bigotes, volvió a señalar a Camps: los responsables del partido le forzaron a cobrar por los trabajos electorales que les presentaron a través de nueve empresarios contratistas de la administración pública por medio de facturas falsas. Toma ya. Los empresarios reconocen los hechos y hablan del monto exacto: 1,2 millones de euros, camuflados en facturas para la empresa Orange Market, la filial de Gürtel, por unos servicios que no existieron en la realidad. Así cobró la Gürtel la deuda que el PP valenciano contrajo con la red por sus servicios. Así, como apuntó la Fiscalía Anticorrupción, se consiguió esquivar el límite de gasto electoral que permite la ley y para lograr que los empresarios (que tenían prohibido realizar donaciones al partido por sus relaciones contractuales con la administración pública) sufragasen las campañas.58El relato del Ministerio Público es digno de Poe o Dostievsky, Guillot, no te pierdas que ahora viene lo más jugoso: el PP valenciano abonó a la red en negro 2.031 millones de euros por las campañas de las municipales y autonómicas (2007) y de las generales (2008). Sumando otros cargos ordinarios, fuera del periodo electoral, el partido de Camps pagó en B un total de 3,4 millones de euros. Pablo Crespo, número dos de la trama, confiesa los hechos y corrobora lo dicho por Correa. Crespo/Bigotes intentan, sin éxito, pactar con la Fiscalía. Se piden 27 años de cárcel para Pérez y 22 para Crespo. El Gürtel al descubierto: red de empresarios, políticos y funcionarios con nidos en numerosas administraciones del PP por toda España, ojito, no solo Valencia. El Bigotes se definió en el juicio como un “correveidile”, además de confesar que Juan Cotino era quien escogía los empresarios (su sobrino, Juan Vicente Cotino, reconoce los pagos). Curiosamente, Bigotes libra a Ricardo Costa y Vicente Rambla de la mayor: Costa fue quien le explicó en una reunión que, si la red quería cobrar los trabajos, debía hacerlo a través de los empresarios, porque el partido no disponía de dinero; el exsecretario general del PPVC se oponía a esta fórmula pero seguían las órdenes impuestas por Camps, quien estaba detrás de todas las decisiones.

Volvemos al principio, a la profecía de Salvador Sostres en ABC: todos lo hacen. Los partidos políticos en España se buscan negocietes para llegar al poder, en su mayoría oscuros, y luego siguen con los negocietes, porque están aquí para forrarse, como en su día dijo el clásico. ¿Asquea? ¿deprime? ¿y los golpes de pecho? Parece ser que Correa, arrepentido, quiere devolver los 22 millones de euros que tiene en Suiza, y que “admite hechos pero no delitos”. El Bigotes habla ya de nuevos políticos y empresarios durante la visita del Papa. Los 76 años de cárcel que piden para Correa, obligan, a mi juicio, a devolver hasta los regalos del Ratoncito Pérez.

Génova niega vínculos con el PP de Valencia, cómo no, la sede central se aleja de Camps pero evita su escarnio. Camps ya lo había dicho en sede judicial muchas más veces con anterioridad: “Si alguien lo montó, no fui yo”. También es curiosa la naturaleza de algunos de sus disparos: “Me juzgaron por los trajes durante siete semanas. Tuve tres fiscales en el juicio, más de lo que tuvo la cúpula de ETA en la Audiencia Nacional, prácticamente a fiscal por traje, y un jurado popular que decidió que no era culpable”. Juan Cotino, expresidente de las Cortes Valencianas, según Álvaro Pérez, ordenaba la forma de pago a la trama. Alberto Fabra, según Pedro Crespo, fue quien pago las vallas publicitarias del entonces candidato a la alcaldía de Castellón que el PP no quiso costear. La senadora Adela Pedrosa, según Crespo, era quien negociaba con el Bigotes los trabajos. Víctor Campos, exvicepresidente de la Generalitat, según Bigotes, entregaba los sobres con los euros.

Mario Conde, querido Guillot, con sus títulos recién orlados, pronto aprendió el truco: cuando comienza a desenvolverse en sociedad, lo primero que hace es buscarse el mejor sastre de Madrid para que le tome medidas y ya encargar el atuendo por teléfono. Eso de que te trinquen por el ajuar es de cutres. Pronto Mario fue un señorito de Deusto, con gemelos en la camisa durante toda la carrera y que no consentía que se le vistiese como a un bebé grande. Ese bebé enorme, en el decir de Umbral y Raúl del Pozo, que es Rajoy. La vomitona de Gürtel ya ha pasado: ¿Cuántas más quedarán?