Que vienen los bárbaros

Por Víctor Guillot

Querido Medrano:

No puedo dejar de reconocer que la desidia ha conquistado mi espíritu. Tu relato del saqueo ya no me escandaliza; tan sólo me apesadumbra, como quien sostiene una carga para la que no estaba obligado y tan pronto como puede la deja caer, porque no es la suya. Me siento implicado, pero no comprometido con la cosa pública y cada día percibo que me implicación decrece, se aminora. Curiosamente, he vivido la política con verdadero apasionamiento. Para mí, resultan indistinguibles la política de la literatura. Gozan del encanto de lo femenino, pero eso te lo explicaré en otra ocasión.

Te decía que vivo en el desencanto, cuando la política se convierte en un relato de nuestras corrupciones. Quizá tenga que ver con ello la escasa alternativa que ofrecen los partidos de izquierda en los que yo me he sentido representando. Y esto se debe, a su vez, a que se ha producido una barbarización de las elites de los partidos que llega a ser intelectualmente agotadora. Me he cansado de escuchar a los necios. Hace un mes escribía en el diario La Nueva España sobre el estado de la cuestión. Me alarma observar cómo la izquierda renuncia a la política de las razones y se abraza a los sentimientos para explicar qué es una nación. Y me repugna contemplar como se amparan en un fundamentalismo “democrático” para legitimar decisiones que no comprenden el cumplimiento de la ley. El populismo se ha extendido por doquier y en esas circunstancias,  los cuadros políticos que han pensado la política española abandonan el barco o deciden poner en práctica el voto de silencio.

Vuelvo a Tocqueville y su Democracia en los EEUU para recordarte que los partidos sienten la necesidad de agruparse alrededor de un hombre a fin de llegar más fácilmente a la inteligencia de los muchedumbre. Por lo general, se sirven del nombre del candidato a la presidencia como de un símbolo y personifican en él sus ideas. De esta manera, los partidos tienen un gran interés en decantar la elección a su favor, no tanto para hacer triunfar sus doctrinas con la ayuda del presidente electo, como para demostrar que por la elección de este sus doctrinas han conquistado la mayoría. Y dice Tocqueville que “todas las pasiones artificiales que la imaginación puede crear en un país feliz y tranquilo se agitan a plena luz en ese momento”. Eso es lo que está pasando con el PSOE de Pedro Sánchez.

Desde su segunda elección, no hay político sanchista que no repita eso del “nuevo PSOE”. Parece que cada día se inaugura el mundo, que son ellos los que colocan el sol al amanecer y lo retiran a su debida hora. El adanismo político que trata de representar la existencia de una nueva izquierda tan coja o tan pelleja como lo fue la vieja. Pero el partido ahora, querido Medrano, como en Podemos, es de la militancia.

Como ves, a pesar de mi desidia, enseguida me enciendo y vuelvo a la carga. Es lo que tiene la política cuando a uno le engancha tanto como la heroína. Este viernes tendremos oportunidad de comentarlo en la presentación de tu libro, en el Campoamor, reunidos todos, esperando la llegada de los bárbaros. Nosotros, ja, que nunca fuimos elite.