¡Ay, qué mal estoy! ¡Pero qué jodido!

Por Diego Medrano

Querido Guillot:

El pueblo español lo ha visto con Julián Muñoz, José Ángel Fernández Villa, Jesús Gil… y hace días con Millet. Se trinca, se roba, se saquea y, a la hora de ir al juzgado, pues aparece la descoordinación, en este último caso la silla de ruedas, el no me acuerdo de nada, la invalidez manifiesta que es ya victimario público e insolente, ese martirologio por el que seguir teniendo a título de costalero como única bandera. Yo no hice nada, qué voy a hacer, hostia, y es que estoy muy jodido, mírame, cada vez peor, me queda un tris de ir al hoyo, no es que tenga un pie en el estribo es que ya tengo los dos, igual merece la pena terminar ya, y bla bla bla… cuentos lacrimales en mitad del mar brillante de la senectud ultraforrada.

Lo de Félix Millet ha sido muy grave: Convergencia –lo dicta la Audiencia de Barcelona- deberá pagar 6,6 millones de euros por el cobro de mordidas, su tesorero condenado a cuatro años de prisión, Millet y Montull con penas de nueve y siete años de cárcel. Se habla de “acuerdo criminal” entre Convergencia, el Palau de la Música y la constructora Ferrovial para que el partido recibiese comisiones irregulares a cambio de obra pública. Durante más de diez años seguidos los anteriores funcionaron como un “entramado delictivo” para financiar ilegalmente, por medio del saqueo, a los partidos nacionalistas. Quinientos folios por parte de la Audiencia de Barcelona donde se cuenta el reparto minucioso de la tarta en pleno festival nacionalista. Mordidas y lucro, sin disimulo alguno, con el telón de fondo del siempre jugoso caso de las obras públicas y su adjudicación. A todo esto, como bien ha destacado Arcadi Espada, salen a la palestra los actuales dirigentes de una cosa llamada PEDeCAT y dicen que la sentencia del caso Palau no les afecta, que Convergencia ya no existe. Ahí, sí señor, con un par.

Jordi-Pujol-Pokemon

El mártir, el crucificado, de camino al cadalso y, en el mismo, lo sucinto pero crucial, es no perder escenografía. Da náuseas. Podemos entender al albañil que dice que no puede caminar, está de baja de una mediana empresa y los fines de semana juega al fútbol con los amigos mientras le graba por vídeo o teléfono la aseguradora de turno. Pero esto es codicia, esto es lo de Urdangarín, que también estaba muy mal a la hora de dar cuentas de lo suyo: esto es tener los bolsillos llenos y querer más; esto es gula pantagruélica, no verse saciado con nada y disponer, en el cenit más alto de la esquizofrenia, del dinero ajeno como propio. Este es mi cortijo (desde Muñoz en Marbella a Millet en Barcelona) y aquí hago lo que me sale de los honorables. Apunta Espada: “Algunas gentes beatas aún se preguntan, a veces en las columnas de los periódicos, de dónde han salido Carles Puigdemont y todo lo que Puigdemont supone. Se lo preguntan como si se tratase de un advenimiento, de una encarnación fantasmal y repentina. Y es que no quieren afrontar lo que realmente Convergencia, el grado de su fanatismo simpático, la potencia de su adoctrinamiento sin tregua, el éxito extremo de una prolongada operación de propaganda cuya primera misión fue la de engañar radicalmente sobre sí misma”. Jordi Pujol se quitó la máscara el 26 de julio del 2014; Convergencia ya se desnuda por entero, gracias a esta sentencia del pasado 21 de diciembre sobre el caso Palau, Millet y los bolsillos llenos. Una moraleja: trece años después de que lo dijera Maragall, las comisiones no eran del tres por ciento sino del cuatro. Cojonudo.

Un tipo curioso, que no me cae mal del todo, Xavier Domènech define la historieta como de “saqueo sistemático” de los recursos públicos de Cataluña durante años y la financiación ilegal de la antigua Convergència, el monstruo de Pujol que supo poner a su debido tiempo en las manos de Arthur Mas, todavía con los lazos del paquete del regalo sin desenvolver. Y Millet, lo dicho: muy mal, dejándose empujar la silla de ruedas, vencido, triste, amarillo, y eso, sí, que ya no puedo con los años, que estoy en las últimas, ay, no me tiren más piedras que no se puede jugar con fuego, es mi último hálito vital. Es la escenografía de la extremaunción, porque la fiscalía ya pide prisión preventiva, y desde el Siglo de Oro es muy gracioso ver a un viejecito entre rejas y tirarle migas entre los barrotes o mearle en un ojo desde el otro lado. ¿Pero aquí quien devuelve el monto? El agujero de Millet es de 35 millones de euros, además del dolor de haber profanado el templo. Subió al cuatro por ciento por su política repetida hasta la saciedad por las hojas volanderas: “¡A mí me redondeas por arriba!”. No querían decimales, coño, eso es muy de andar con calculadora, padecieron el doble crimen de los enteros, que es un expósito más, un muerto más, en la condena moral del robo sin excusas y frontal, a las claras. La excusa general a todo el proceso, da ganas de abrir una botella de vino: “En Cataluña el sistema está legalizado a través de las donaciones”.

artur-mas

Millet llevaba desde 1978 al frente de la locomotora. Millet, después del juzgado, se oculta en la huertita: L´Ametlla del Vallés, a treinta kilómetros de Barcelona; un lugar, oiga, donde no se escondería un multimillonario, porque allí solo hay encinas y matojos de murta. Ya, ya, lo que no se explica son las obras megalomaníacas del conglomerado, todas con los fondos jugosos y a disposición del Palau. Es lo de siempre, lo ya sabido: Millet, oiga, tiene ahora 82 años, no puede entrar en la cárcel. Lo gracioso es que las operaciones de fin de semana -se ha llegado a suponer- se hacían desde la oficina de la huertita, una sucursal de pueblo, para qué iban a ir a Barcelona. Y, fundamental, querido Guillot, la austeridad. Millet tomaba vino peleón en El Racó, apenas unos pastelitos el fin de semana como único lujo, no más de diez euros (pastelería Sant Jordi) y sólo salían de la garita para disfrutar de un lujo supremo, los conciertos del ayuntamiento en la placita del pueblo. Todo cojonudo, estupendo. Xavier Vidal-Foch no ha dejado de preguntárselo en la prensa: “¿Se esfumaron las responsabilidades políticas de la dirigencia nacionalista –sobre la corrupción- al evaporarse Convergència (CDC) y trocarse en PDeCAT?”. Lo mejor es que vaya a preguntar a El Racó, igual le invitan a jugar al dominó si paga antes unos caldos. Jordi Pujol hoy está desahuciado, Arthur Mas retirado de escena y el señor Millet, oiga, ya se lo he dicho, tiene 82 años. Las quince sedes embargadas del partido no son suficientes para pagar la cuenta. Los jerarcas parece que se van de rositas, nadie estuvo en Convergència, qué va, eran todos malos entendidos y, si te llaman para ir al juzgado, no te olvides de llevar la muleta. También un parche, que ves fatal, se sospecha cáncer, el brazo en cabestrillo (el otro, el que te queda libre) y lo de siempre, sin afeitar durante al menos un mes y sucio, que no te importe, sobre todo oliendo mal, atufa al respetable, porque eso es flor de cuño en lo que nos atañe. Algunos, los del más bajo escalafón, se permiten el lujo de citar a Rafael Sánchez Ferlosio: “Lo propio del hombre no es medirse con otros hombres y sí ocuparse de las cosas”. Da asco. Da pena. Produce estupefacción. La documentación es incriminatoria y ellos, tras años de silencio, finalmente, dicen que sí en el juicio, con la sonrisa torcida, porque, ya lo sabes, Guillot, estamos muy jodidos. Muy malitos. ¡Pero qué malitos y jodidos estamos! ¡En las últimas, coño! ¿O es que no nos ves?