LA ESTOLA KILÓMETRICA DE RATO

Por Diego Medrano

Amigo Guillot:

El guiñol español brilla como nunca. Dos añitos estuvo Rato al frente de Bankia. Tuvo que irse por la complicada situación económica que atravesaba la entidad desde su salida a Bolsa (julio del 2011). Dos días después de su dimisión (mayo del 2012), Economía nacionalizaba el cien por cien de su matriz (BFA). El agujero de Bankia: 2.979 millones de euros. El agujero de BFA: 3.318 millones. La salida a Bolsa: 3,75 euros por título. El Comité Asesor Técnico del Ibex decide (enero, 2013) la salida de Bankia del principal índice Bolsa de Madrid con las acciones de la entidad a 0,55 (hasta diciembre de ese año no volverá al Ibex). Todo un desastre, y el pueblo español se enfrenta ahora a la llegada esperpéntica de Rato a los juzgados, gabardina Burberry´s y estola kilométrica, las mismas bufandas que usaba Aznar, diciendo que todo fue una trama urdida contra él por cuatro nombres precisos y preciosos: Rafael Catalá (ministro de Justicia), Fátima Báñez (ministra de Empleo), Critóbal Montoro (ministro de Hacienda) y Luis de Guindos (ministro de Economía).

Se habla de ajuste de cuentas, se habla de prepotencia, se habla de peineta a las instituciones y la patada mediática (bufanda fuera, gabardina fuera, mirada desafiante) es sonora: “A mí me detienen en mi casa delante de mis hijos y vecinos el 16 de abril de 2015. Con una acusación doble de alzamiento de bienes que no dura 15 días y otra de delito fiscal que llevo tres años esperando a que se concrete en una acusación. No hay delito”. El ataque a Catalá no tiene fisuras: “El día anterior a mi detención, el ministro de Justicia cuenta mis datos fiscales en televisión. ¿Cómo los conocía? Él sabrá”. El ataque a Montoro es directo: “El 14 de abril, el ministro de Hacienda habla del tema porque un medio llamado Vozpópuli dice que el Sepblac (Servicio de Investigación de Blanqueo de Capitales) dependiente del Ministro de Economía me investiga”. El ataque a Fátima Báñez no conoce la discreción: “La ministra de Empleo le pidió a mi secretaria que se fuera separando de mí porque voy a tener problemas con mi declaración a Hacienda”. El ministro de Economía llevó la mejor parte de la tarta: “Declaró en 2012 que al sector le faltaban 60.000 millones de euros y en ese momento las acciones de los bancos empezaron a caer. Tras exigir mi dimisión, que se hizo efectiva el 9 de mayo, la acción de Bankia se desplomó”. El final es apoteósico: “Cuando salieron 250.000 millones de euros, la prima de riesgo se disparó y hubo que pedir un rescate por 100.000 millones de euros”.

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Catalá, de Guidos, Montoro y Báñez

 

No se habló, a fondo, naturalmente, de las tarjetas black ni de sus problemas por blanqueo de capitales en sociedades offshore. Cerrar la herida fue tan importante como abrirla: “No pueden pretender que me haga responsable de todo lo que sucedió a partir de mi dimisión. Eso pregúnteselo a otros”. Rato subrayó que la entidad fue rescatada con 19.000 millones de euros (2012) sin la participación del Banco de España y sin que la entidad realmente necesitara esa cantidad y que, como consecuencia, el banco nacionalizado ha sido el más capitalizado del sistema, aunque ahora ha vendido un siete por ciento de sus acciones por debajo de su valor en libros. Días más tarde, gracias a las hojas volanderas de rigor, sabemos que endosó su empresa de blanqueo (Kradonara 2001) a su secretaria (Teresita) tras saberse en riesgo (se encuentra imputada la mujer por haber aceptado aquel puesto durante dos meses, dimitió tras la detención de su jefe pero ya era tarde). Cuando Teresita pide explicaciones a Rato éste no puede ser más chirigotero, ya sabiéndose investigado: “Qué gilipollez es esa de cuentas en el extranjero, Teresita. No te preocupes, ven conmigo al banco que verás que no pasa nada”.

El victimario es de puro siglo de Oro: “El Gobierno quería meterme en la cárcel”. Hoy sabemos que el pasado mes de diciembre mete a sus tres hijos (Gela, Ana y Rodrigo) de apoderados de seis sociedades: les da poder de firma pero no les involucra en caso de problemas con la Justicia. Vuelven sus vástagos al foco de la actualidad, como cuando la Fiscalía investigaba la donación de 2,5 millones de euros a sus vástagos. Hay hasta una entrevista con Jorge Fernández Díaz, donde Rato pide protección para “sus chicos”, como entonces filtró la prensa. De momento el administrador único de todo el emporio es él, pero desde éste diciembre, no te despistes, querido Guillot, los tres hijos de Rato y Gela Alarcó, en los treinta años que duró su matrimonio, pueden manejar los 22,9 millones de euros en activos que acumulan sus cinco empresas. Terrible, fantástico, de chupinazo.

Algunos le ven más cerca de prisión, hablan, dicen, cotorrean, que es por eso “por lo que no se va a callar”. Es una gabardina de humo de camino a rejas, una bufanda como una soga que no puede apretar, elige llevarla suelta, porque igual echa el bofe. Los conspiratorios tienen su tema en los cafetines cercanos al Congreso: “¿Y por qué no se habla de Rajoy, quien le pidió a Rato que se fusionase con la caja de Fainé, para así evitar tener que inyectar ayudas públicas en Bankia y a lo que éste se negó, pues no estaba dispuesto a ser absorbido por Cataluña?”. Nadie, Guillot, quiere pagar el pato de la crisis y todos, de una manera u otra, siguen haciendo negocios, moviendo el dinero de monedero (el otro, el gordo, a saber dónde está). Tres vicepresidentes del gobierno, tres gobernadores del Banco de España, tres presidentes de la CNMV y otros altos cargos, como el presidente de la Asociación Española de Banca, ya han pasado por la comisión de investigación sobre la crisis financiera. Nadie pudo ver nada. Solbes dijo que dejó el Gobierno por discrepancias con Zapatero debido a la negativa a una reforma laboral y otra de las pensiones, y que, en definitiva, no supieron ver el monstruo que se les venía encima. Al final, lo que son las cosas, Europa forzó las dos. Solbes no escatima en flagelación: “Debimos ser más valientes y haber contenido el gasto público”. Cuando deja el cargo (2009) muchos se olvidan que fue para ocupar un puesto en el consejo de la italiana Enel y en el Barclays. En la actualidad, no ocupa ningún cargo, la riada le llevó.

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Pedro Solbes, ex-ministro de Economía durante el último gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero

 

Nadie vio nada, nadie pudo ver nada, Caruana habla de una crisis impredecible, que el supervisor no tenía herramientas para atajar los excesos bancarios y que, entonces, se cumplían los niveles de capital y provisiones reforzadas por las normas anticrisis creadas en España: “Fue una crisis global sin precedentes unida a otra del Euro, imposible de predecir y que rebasaron las defensas”. Todo cojonudo, Guillot de mis tristezas, pero ninguno de ellos perdió la gabardina. Impunidad, impunidad por todas partes, la sociedad española está reventada, no entiende nada de Justicia, sí, pero los sabe a todos en la calle, los ve en los telediarios y lo peor de todo no es verlos sueltos, sino en una completa sonrisa hacia el mayor de los males comunes…

La crisis no se pudo parar, Guillot, el invierno con gabardina es casi un verano, todo es felicidad y seguro que de algún cajero extraño, en el manadero de alguna cuenta oculta, marrón o violeta, todavía hoy pueden salir como antaño mil euros sólo para vino tinto. Desafección, cansancio, suspiros tristes, ojos vidriosos… los bares españoles no arden de furia. Ya a todo Dios le da igual. Incluso piropean una gabardina con una bufanda que lo tiene todo de correa de viento o nada. Sólo estamos convencidos de una cosa (con Baudelaire, Aurevilly, Balzac): que Rato, en chándal o camiseta, hubiese declarado de otra manera. Y, tal vez entonces, otras verdades hubieran salido a la superficie. La culpa es de la gabardina color pis y la estola recién comprada. Seguro que con un andamiaje similar a cuando echaba lentejas a los pobres en los comedores de San Vicente Paúl, por los mordiscos del perro atroz de la conciencia, otros hubieran sido los resultados actuales.