FICX’55: Eddie Piller, ácido modernista

Eddie Piller viene a Gijón para cerrar el FICX 55 y para celebrar la historia del modernismo, de la cual él mismo es parte fundamental. Devoto del soul, el jazz y el rhythym and blues, Piller es un DJ incansable, un archivista de lujo de la tradición y una personalidad incorruptible, tal vez el auténtico mod father.

 

Cuando la madre de uno es la presidenta de un club de fans de los Small Faces no quedan muchas opciones. Eddie Piller adquirió la música y el modernismo por impregnación, igual que las aves aprenden a volar. Sin saberlo.

Ha contado luego muchas veces como fueron los Saints, una banda australiana proto-punk, los que le hicieron consciente de su relación vital con la música. Fue entonces cuando comenzó a escarbar en la colección de su madre, a fascinarse por al memorabilia y el estilo. Del punk le gustaba la música, pero no le interesaba la parafernalia.

Luego, los Buzzcoks y The Jam le metieron la sacudida definitiva, con Paul Weller erigido en icono del estilo. El modernismo no solo no estaba muerto, sino que el punk lo había resucitado en una nueva forma, para una nueva generación. Bandas y canciones geométricas, angulosas. En el cambio de década comenzó a escribir y publicar el exitosos fanzine Extraordinary Sensations. Era una periodo donde grupos como Menton Parkas, The Chords, Secret Affair o The Specials vendía copias a paladas. El Mod era la corriente principal, un movimiento de masa y no exclusivo.

Piller abre luego una tienda y funda su primer sello, Well Suspect en 1982 y luego comenzar a trabajar en un subsello de Stiff Records, Countdown desde donde lanzó grupos fundamentales como The Prisoners, Makin’ Time o las primeras grabaciones de The James Taylor Quartet, junto a los cuales continuaría en otra experiencia como sello independiente, RE-Elected the President, en 1986.

Con James Taylor Quartet o The Jazz Renegades, en realidad, asfaltaba el camino para el sonido que estaba llegando. Agotado el Revival, exprimido el punk, la escena modernista languidecía mientras en el subsuelo se cocinaba una nueva tendencia. El hip-hop, la música electrónica, el house… Madchester viajaba en paralelo, pero a Piller le sucedía como con el punk, que la cacharrería le daba igual.

El casualismo, procedente de las gradas del fútbol y los clubes estaba convirtiéndose en nuevo paradigma Mod y hacía falta una música vertebrase la nueva mutación. El encuentro en 1987 con el DJ Gilles Peterson lo hizo todo más sencillo: nacía Acid Jazz Records.

Soul, viejas grabaciones de Blue Note, hip-hop, funk, dub, bossa…James Taylor Quartet evolucionó rápido desde sus bandas sonoras imaginarias hacia el nuevo sonido de la ciudad y otras bandas multirraciales surgidas del interior de la misma lo propulsaron. The Brand New Heavies, Corduroy, A Man Called Adam, Jamiroquai, Mother Earth… eran la vanguardia del modernismo, ajenas a la trampa de lo retro pero vibrantes de herencia. Acid Jazz Records trascendió en ellas, ya no era un sello, era un estilo.

Cuando Gilles Peterson abandonó el sello y la corriente declinó, Piller siguió en la brecha, revitalizando la carrera de héroes personales como el febril teclista Brian Auger o dedicándose a escarbar en las raíces del modernismo con selectas antologías y buscando nuevos talentos como el combo israelí Men of North Country o los británicos New Street Adventure, grupos que mantiene la herencia fresca, aireada y bailable, como nueva, al tiempo que el propio Piller trabaja para que la misma no se olvide desde sus programas de radio en la BBC o su propio The Modcast.