FICX’55: Todas las claves de Twin Peaks

Por Rubén Paniceres

En el último capítulo de la segunda temporada de la serie de los 90, Twin Peaks, el espectro de Laura Palmer le comunicaba al agente especial del FBI, Dale Cooper, que se verían dentro de 25 años. Pues bien, ese es el tiempo que los espectadores hemos tenido que esperar para que los creadores de la saga, David Lynch y Mark Frost, nos permitan conocer el desenlace de la historia. Entre ambos espacios temporales de la serie, hubo un extraño intervalo: la película para la pantalla grande Twin Peaks: El fuego camina conmigo (Twin Peaks: The Fire Walks With Me, 1992). Dirigida por Lynch, era una mágica precuela que recogía los últimos y borracosos días de Laura Palmer, finalmente asesinada por su padre, Leland, poseído por el sobrenatural íncubo conocido como Bob.

En la postrera entrega del inicial Twin Peaks, Cooper (Kyle Maclachlan), quedaba atrapado en el feérico laberinto de la Habitación Roja, y Bob volvía al mundo material transformado en el doppelganger (el doble maléfico) del agente del FBI. La tercera temporada emitida este año y compuesta por 18 entregas, dirigida por Lynch y co escrita junto a Frost, toma como arranque ese desdoblamiento de Cooper en dos seres de idéntico rostro y muy distinta personalidad. Como en El Vizconde Demediado de Italo Calvino, el ser humano, ensamblaje de mal y bien, se escinde en la maldad absoluta y la bondad inefable. Ambos caracteres anómalos en una cultura que tiende a la hibridez, al empleo de edulcorantes sociales que diluyan los aspectos integrales del individuo.

Twin_peaks_3_4

La fantasmagórica prisión de Cooper es, posiblemente la Logia Negra, Olimpo de la maldad, donde el tiempo y el espacio son uno y no existe división entre el pasado, el presente y el futuro. El héroe terminará evadiéndose, pero renacerá como un ser autista, una especie de Gaspar Hauser o Rainman que desconoce los rudimentos que nos permiten la existencia en ese zoo humano que se denomina la sociedad. Ahora, Dale adopta la personalidad de un vendedor de seguros, Dougie Jones, residente en Las Vegas, casado con una mandona esposa, una divertida composición de Naomi Watts. Dougie/Cooper se comportara durante gran parte de la trama como un ser insólito. Parafraseando a Carson McCullers, como una pieza redonda en un orbe de agujeros cuadrados. Su comportamiento es como un cruce entre un sonámbulo y un oligofrénico profundo. Pero al mismo tiempo ostenta un abanico de sorprendentes habilidades. Logra ganar en todas las tragaperras de un Casino; se desvela como un fabuloso amante con su estirada pareja y sobre todo es alguien capaz de suscitar la aceptación solo repitiendo la última frase que dicen sus interlocutores. La integración social se basa mucho en que el individuo sea (o aparente ser) el eco de los pensamientos de sus semejantes.

Bob por su parte, igualmente personificado por Kyle Maclachlan, se desplaza a lo largo de unos desolados Estados Unidos. En su deambular se encontrará aún más inadaptado que Cooper, porque a pesar de sus poderes ultraterrenales y su práctica indestructibilidad, solo se encuentra con gentes que le engañan, traicionan e intentan matarlo. Tal vez, por eso durante toda la serie, Bob que, al igual que Cooper, ha escapado de La Logia Negra, intenta infructuosamente regresar a ella, ya que su maldad empieza a ser anacrónica en un mundo que ha avanzado muchos enteros respecto a la malignidad. Compárese el retrato de una adolescencia herida y víctima de los pecados de sus ancestros, presente en la saga original, cuyo exponente más trágico era la corta y nada feliz vida de Laura Palmer, con el elenco de jóvenes alienados, envilecidos o psicopáticos que decoran el relato de la actual temporada.

Si Cooper y Bob han perdido brillo con el paso de los años, igualmente le acontece a la presunta Arcadia feliz que era la pequeña villa de Twin Peaks. Aquel seductor microuniverso prodigio del diseño de producción y ornado por una sensual fotografía es ahora un lugar apagado y opaco donde los escenarios se reducen al minimalismo y los personajes supervivientes de la saga parecen estar apresados en ellos y resultan un poco su caricatura. La serie ilustra de forma amarga el paso inexorable de la herida del tiempo.

z8zdmqg5cc3kyxdzizbb

La tercera temporada es un conclave de espíritus en tránsito. Varios de los actores del reparto original, Miguel Ferrer, Warren Frost, estaban gravemente enfermos durante el rodaje de la serie y fallecieron antes de su estreno. Destacándose en los títulos de crédito de diversos episodios una dedicatoria como memento mori. Conmovedora relevancia tiene la aparición de una agonizante Dama del Leño y sus conversaciones teñidas por el toque del zen con un impasible y a la vez conmovido oficial Hawk. Aquí Lynch como pretendía Jean Cocteau, logra capturar a la muerte trabajando, ya que la propia actriz Catherine Coulson estaba enferma terminal de cáncer. El momentazo de toda la serie es el último saludo en el escenario de la Dama del leño pleno de una emotividad que no se puede explicar en palabras. Igualmente remarcable es la resurrección de David Bowie como demiurgo que sirve de guía y eje al desarrollo de la acción. La fallecida estrella del rock tiene una magnética aparición en la serie, pero sus secuencias están desenterradas de Fire Walk With Me donde interpretaba al personaje de Philip Jeffries. Análogamente se recurre a imágenes de archivo para incorporar al finado Frank Silva, que interpretaba a Bob, en algunas partes de la narración.

La tercera temporada es concebida no como una sucesión de episodios, sino como una colosal película de más de 17 horas. Aquí se pasa repaso a la mayor parte de las incógnitas y situaciones de la serie original y se recupera a gran parte del elenco original. Pero se introducen nuevos misterios y enigmas, amén de una galería de múltiples nuevos caracteres que otorgan al relato una dimensión cercana a las inabarcables novelas de Thomas Pynchon. El abanico de diferentes historias y situaciones son como microhistorias dentro del relato central. Algunas de ellas podían dar para toda una película, otras son ellas en si mismas una película completa, abordando numerosos géneros de ficción: el noir, la ciencia ficción, el terror más numinoso, la comedia surrealista, incluso el musical con la sucesión de clips de diversos grupos que cierran la mayoría de los episodios en el club Roadhouse. Todo un abanico de distintos estilos musicales donde volvemos a encontrar antiguos amigos como la melancólica actuación de Julie Cruise.

Lynch nos propone, la que estimo, es la recapitulación de toda su obra, no solamente reutiliza escenas enteras de Walk With Me, sino que incorpora atmosferas y elementos que parecen extraídos de Carretera Perdida, Mulholland Drive, Inland Empire, Dune o Terciopelo Azul. Especialmente sobresaliente, el episodio 8.Una inquietante pesadilla en blanco en negro, que se instaura en el Bing Bang, que da origen a la tenebrosa Logia Negra, el universo que alumbra a Bob, especie de versión libre de la alucinante opera prima de Lynch, Cabeza Borradora y deviene en una pequeña obra maestra del genero fantástico.

La serie recupera también al propio David Lynch en su rol del chillón jefe del FBI, Gordon Cole que establece un humorístico dueto con Miguel Ferrer, reminiscente del teatro del absurdo de Beckett, con largos silencios entre los dos que son una alegoría del aislamiento al que estamos sometido en el mundo moderno, donde se habla y se habla, y se habla y sin embargo nadie escucha a nadie. En dicho segmento se aportan sabrosas novedades como la aparición de la invisible destinataria de los memorándums de Dale Cooper, Diane, una soberbia Laura Dern que parece incorporar una suma de los diferentes personajes que ha personificado en la filmografía Lynchiana .Por otro lado, es en este apartado donde hay un mayor esfuerzo para dar cierta coherencia al rompecabezas que es la saga. Pero, uno sospecha que en realidad a Lynch eso no le importa demasiado, porque las prolijas explicaciones que expone Miguel Ferrer, son escuchadas por el resto del elenco con una mezcla de confusión y tedio. Es perceptible, que el argumento es una excusa para crear un ficcionario donde la incredulidad quede suspendida. Permitiendo la experimentación con las texturas de la fotografía, los sonidos, la belleza convulsa de la imagen que rehúye ser sojuzgada por una lógica convencional.

Twin_peaks_3_5

Asimismo, la trama nos comunica la visión desencantada de una América que ya no puede refugiarse en la añoranza del imaginario de tiempos pasados, recurso que Lynch ha utilizado en gran parte de su obra como contrapeso al lado oscuro de sus ficciones. Ahora las figuras ontológicas del sueño americano son legiones de espectrales homeless que celebran la danza de la muerte en una ordalía eléctrica. La esencia de Estados Unidos es la tarta de manzana más la electricidad, pero ahora el pastel se ha agusanado y ha sobrevenido el cortocircuito. Esa constatación del declive de la intrahistoria de América, se simboliza en una escena donde el gran Harry Dean Stanton canta una canción tradicional que nos recuerda la épica fordiana de Las Uvas de la Ira, pero tiene que interrumpirla ante el pugilato autodestructivo de sus vecinos. Después de un sinfín de peripecias que es imposible resumir, Dale Cooper recupera su propio yo y se inviste como un moderno Parsifal. Bob será derrotado en una estrafalaria parodia de las actuales cintas de superhéroes. Luego, el héroe tratará de encontrar el Grial que cure la herida que ha convertido Twin Peaks y, por extensión, al mundo, en una tierra baldía. Para ello, ya que el tiempo es sumamente relativo en el relato y el pasado moldea el presente y viceversa, trata de enmendar el acto primordial que ha dado origen a la saga: El asesinato de Laura Palmer. Cooper recorrerá el tiempo de modo inverso, para acudir a la infausta noche en que Laura fue asesinada y asirá su mano como Orfeo la de Euridice para escapar del reino de Hades. Pero si se elimina el mal, el bien carece de sentido. En el presente, Dale reencuentra a Laura que ha sobrellevado una existencia alternativa, bajo otro nombre y casi con otro rostro, pues un cuarto de siglo ha transformado al bello ángel adolescente, en una endurecida matrona que puede sea una homicida.

El acto final recuerda una perversa inversión de ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra con el retorno de la pareja a la añorada Twin Peaks .Recorriendo una nocturna autopista que nos evoca imágenes similares de anteriores filmes de Lynch, para arribar a un solitario lugar de destino, un Twin Peaks desierto ubicado en el corazón de las tinieblas. Duro contraste con aquella secuencia en la que un juvenil Kyle Maclachlan se extasiaba a bordo de su coche contemplando el luminoso paisaje de los Picos Gemelos. Según Nathaniel Hawthorne, todas las ficciones se cuentan dos veces. David Lynch parece estar de acuerdo, y todo vuelve a comenzar. Pero si primero la historia se contaba como un sueño ahora se consuma como una pesadilla. El plano final es la intrigante vindicación del misterio del arte opuesto a la banalidad del artificio. Los espectadores, probablemente hubiéramos preferido que se impusiera la opinión del griego Parménides, que negaba el movimiento y los cambios, y recibir unas confortables dosis de “más de lo mismo”. Pero Lynch y Frost (que han afirmado que este es el acto definitivo del drama y no habrá más continuaciones del serial) se posicionan cercanos a Heráclito, todo fluye y es imposible bañarse dos veces en el mismo río. Cómo diría, Bioy Casares los milagros no se recuperan y es un espejismo tratar de refugiarse en la nostalgia. Itaca no es la misma, nosotros no somos los mismos. Volver de nuevo a Twin Peaks nos deja sumergidos en el enigma, tal vez sin fin. Pero el trayecto ha estado rebosante de sugerencias, emociones, melodías e imágenes cautivadoras que nos devuelven la fascinación y el asombro suscitados por el viejo arte de contar historias.