FICX’55: La canción de los viejos cineastas

 

Los cineastas viejos necesitan vestirse poco. Desdeñan el adorno, el artificio. Su cine ha descifrado el cine, sus imágenes son esencia de imagen. La 55 edición del FICX ha mirado a Francia, donde sus focos de resistencia aún continúan activos para encontrar la vanguardia en el crepúsculo. Phillipe Garrel, Paul Vecchiali y Eugène Green, americano expatriado desde el Vietnam que encontró su identidad y lugar en el mundo en Francia, se representante tanto a ellos mismos, singularidades, como a una ética del cine y de la imagen: esa que se ejerce cuando ya no importa nada; nada que demostrar, nadie a quien contentar.

Por Neville

Phillipe Garrel

Phillipe Garrel, que comenzó dirigiendo cuando era una adolescente, sigue haciéndolo como si París todavía nos perteneciese. Su imagen espartana en blanco y negro, la naturalidad del sonido directo, el diálogo, las derivas sentimentales, las reflexiones vitales, las triangulaciones, el peso de sus mujeres…la autoficción. En cierto modo Garrel está por duplicado en esta edición, con su propia Amante por un día que se verá en la sección  “Pases especiales” y en la nueva entrega del cine-río de Arnaud Desplechin, Los fantasmas de Ismäel, porque el cine de este contiene al del otro integrado ya en su propia sangre, como la de Jean Eustache está en la de ambos.  Amante por un día, además, cuenta con la participación en el guión de otro viejo admirable, Jean-Claude Carrière

La palabra, capital en la obra de Garrel, se eleva un grado hacia convertirse en motivo casi abstracto en la Eugène Green y en la del último Vecchiali, tal vez el mayor ejemplo de desnudez en la vejez de los tres, aunque la reflexión sobre la palabra, el lenguaje y su proyección corresponda a Greene, estudioso del teatro barroco francés y de su modo de entrega sobre el escenario. En Green y Vecchiali existe una homologable teatralización del cine, la del primero por formación y voluntad, la del segundo tal vez por necesidad.

Paul Vecchiali

Paul Vecchiali trae a la Sección oficial Les sept déserteurs ou La Guerre en vrac, una parábola europea sobre un aguerra innominada y una serie de personajes atrapados en ese limbo. Una imagen estilizado por defecto, porque no quedan elementos en el, nada superfluo, incluso la aspereza y la fealdad de su obra ha ido diluyéndose en una tranquilidad estoica. Un esqueleto de cine.

Green, quien para redondear también se deja sentir en Desplechin, trabaja sobre una textura similar, si bien su obra ha ido acercándose (a su manera) a los postulados de la pareja de cineastas-teóricos Danièlle Huillet y Jean-Marie Straub, pero atravesado todo por una corriente juguetona, humorística e irónica. Debutante tardió, no dirigió cine hasta el 2001, de vocación didáctica (también Garrel), exhibe en la Sección oficial En attendant les barbares. Green es un Robert Bresson jocoso, fascinado por “el actor”, ese emisor de palabras, de signos. Su obra ensalza el arte y la declamación desde el antinaturalismo, su artificio es el no-artificio. Una paradoja.

Eugène Green

Los tres, primero hijos y ahora padres de una tradición, son ejemplo de resistencia y de vigencia, de libertad; de eso casi inverosímil que es hacer lo que a uno le da la gana, fuera de sistemas y corrientes.  En ellos, por tanto, cada película cuenta y parece ser tanto la última como la primera.