FICX’55: Eterno Jean Luc Godard

Por Rubén Paniceres

La presente edición del FICX 55, en pase especial el día 20, estrena en España El film dirigido por Jean Luc Godard, Grandeza y decadencia de un pequeño comercio de cine (Grandeur et Décadence d´un Petit Commerce de Cinema, 1986. Este acontecimiento nos da pie para un esbozo de la figura del cineasta que ha revolucionado la concepción del cine contemporáneo: El simpar e imprevisible Jean Luc Goddard.

En una secuencia de Necronomicon (Jesús Franco, 1969) , el actor Jack Taylor comenta que no le gusta mucho ir al cine porque siempre le cuentan las mismas historias, con la excepción de las películas de Jean Luc Godard que son siempre algo nuevo y diferente. Esa es una de las notas que ha caracterizado siempre la carrera del autor de Adiós al lenguaje (Adieu au langage, 2014): ofrecer una obra que rompe los esquemas anquilosados del cine comercial. El realizador de origen suizo fue uno de los padres fundadores de la seminal e influyente Nouvelle Vague con Al final de la escapada (A Bout de Souffle, 1959) crónica del romance peligroso de dos miembros de una generación (Jean Paul Belmondo y Jean Seberg) heredera de “Marx y la Coca-Cola”, película que reluce tan fresca como cuando se estrenó y aún constituye manantial de inspiración para las sucesivas olas de cineastas independientes. Durante “la Década Prodigiosa”, Godard nos regaló una serie de piezas con las que se ha ido delineando la modernidad, e incluso la posmodernidad y más allá, del cine occidental.: Una mujer es una mujer (Une Femme est une Femme, 1961); El soldadito (Le Petit Soldat,1962);Vivir su vida (Vivre sa vie, 1962);El desprecio (Le Mépris,1963); Una mujer casada (Une Femme Mariée,1964); Dos o tres cosas que sé de ella ( Deux ou Trois Choses que je Sais de Elle,1966); o la venturosa y joven (en el sentido más auténtico), Banda aparte (Bande à Part,1964).

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Posiblemente, después de estas iluminaciones -en la acepción de Rimbaud– que sacudieron a la audiencia y a la crítica especializada, a Godard le hubiera sido muy fácil vivir de las rentas y facturar un idéntico o similar discurso en toda su obra. Privilegio que se les suele conceder a los autores consagrados y que han perpetrado grandes nombres del séptimo arte y algunos de sus compañeros de La Nueva Ola. Pero la monótona pesadez del ser nunca fue la afinidad electiva del antiguo crítico de Cahiers. Godard ejerció diversos avatares que una veces nos revelaban a un realizador que dinamitaba y revitalizaba, al mismo tiempo, los tópicos del cine de género, con las insuperables Lemmy contra Alphaville (Alphaville, Une Étrange Aventure de Lemmy Cautión ,1964) o Pierrot el loco (Pierrot Le Fou ,1965). En otras ocasiones, con Simpathy for the Devil (1968) disparaba un coctel molotov de agit/prop (agitación y propaganda), utilizando como palimpsesto la música y la imagen de los Rolling Stones. Y, eventualmente, se establecía cineasta de guerrilla de inspiración maoísta y heredero del mayo del 68 en las bizarras La Chinoise (1967) o Todo va bien (Tout va bien, 1972).

El director de Made in USA (1966), que había renunciado al espejismo de la noche americana ofertado por Hollywood en sucesivas ocasiones, recaló en los 70 en la televisión pública francesa donde utilizó de forma pionera las capacidades expresivas del formato del video. Retornara en los 80 al cine para efectuar la diagnosis de la vida social contemporánea regida por la ética del capitalismo en títulos como Salve el que pueda la vida (Sauve qui peut la vie ,1980). Provocar el escándalo del pensamiento ultramontano con su peculiar acercamiento al fenómeno divino, Yo te saludo María (Je vous Salue Maríe, 1984), retornar al cine de género a su especial e intransferible manera con el noir (por llamarlo de algún modo), Detective (1985), atreverse a reescribir a Shakespeare en la proscrita King Lear (1987), teniendo como desorientados compañeros de viaje, nada menos que a Woody Allen, Norman Mailer y ¡la Cannon!!O la mirada introspectiva sobre el arte, el mito y el cine que son sus trabajos en Pasión (Passion, 1982); Nombre: Carmen (Prénom Carmen, 1983); y la cinta que se exhibe en la presente edición del FICX, Grandeza y Decadencia de un pequeño comercio del cinema (1986).

Jean Luc Godard ha continuado rodando durante los 90 y los años del nuevo milenio, manipulando formatos digitales, el 3D o el móvil. En dichas estrategias, su trabajo más difundido es Film Socialisme (2010) donde verifica una indagación crítica sobre las nuevas tecnologías y lo engañoso de su velocidad de escape que está borrando la memoria y la cultura de Europa, esa memoria que Godard rastrea en Historias del cine (HIstoires du Cinema, 1988-1998). Ciclópeo documental sobre la historia del cinematógrafo que nos aplasta con su infinito marco de referencias y estrategias narrativas donde se combinan el ensayo (convirtiendo la pantalla en un texto literario), el lirismo, el retorno a un modo primario de hacer cine y la prospección hacia un cine nunca realizado.

Creador inabarcable con una filmografía de un centenar largo de títulos el ya octogenario realizador ostenta otras muchas facetas; como la de teórico del arte cinematográfico. En este sentido, destacar su excelente tratado, Introducción a una verdadera historia del cine. Citemos una frase demoledora: “Los ciegos hablan de esperanza, yo veo”. También podríamos hablar de su especial sentido del humor, ya que en toda su filmografía, hay grandes dosis de una ironía, capaz de ver el lado cómico sea en el canibalismo de la pareja, Masculino, femenino (Masculinin Fémenin, 1966) o en el colapso de la civilización occidental, Weekend (1967).

Creo que fue Herman Hesse quien escribió que nada es bueno o malo, simplemente Es. Ciertamente si hay un cineasta que ha sido, es y será este es Jean Luc Godard; el representante más creativo de la Nouvelle Vague. Un hombre para esa eternidad, que cuenta la verdad a 24 imágenes por segundo, conocida como el cine.