FICX’55: Contacto con Paulino Viota

 

Retirado en la actualidad del cine, Paulino Viota permanece como un cineasta a descubrir. Desde Neville recomendamos no dejar escapar  la oportunidad de ver Contactos, en el el paraninfo de la Universidad Laboral dentro de las actividades del FICX 55, y le dedicamos esta mirada retrospectiva.

Por Rubén Paniceres

Nacido en Santander en 1948, Paulino Viota fue uno de aquellos jóvenes que tuvieron la osadía de hacer cine a su aire, pasando de las horcas caudinas de la censura, la producción y la exhibición comerciales. Y todo ello en la España franquista de finales de los sesenta. Viota que sentía el veneno del cine, no ya como una vocación, sino como una pulsión irrefrenable, intentó  ingresar en la EOC (Escuela Oficial de Cinematografía) en 1969, pero, como muchos, fue rechazado sin un motivo justificado. Algunos que aprobaron el examen, tampoco lograron entrar, porque parece “que no había plazas” (tal fue el caso de algún cineasta gijonés, como, él no lo suficientemente recordado, Javier Medina). Eso no desanimó a nuestro hombre, que había fundado en colaboración con Jesús Garay y Luis Ángel Gutiérrez Espada el colectivo CILISA (Cine Libre Santanderino) donde realizará diversos cortos y mediometrajes en el extinto formato de super 8 y también en 16 mm.

Contactos

Es en 1970 cuando Viota realiza su primer largo, Contactos con una financiación propia inicial de 25. 000 pesetas de las de entonces. Rodada en blanco y negro y con una duración de 64 minutos, se realizó sin cartón de rodaje, es decir sin autorización alguna de los organismos oficiales, constituyendo un título más que underground, clandestino, puesto que sobre la clandestinidad, o al menos  eso se intuye, versa la trama de la película: Una instantánea de la vida cotidiana de unos militantes antifranquistas.

Con inspiración  del cine de Yasujiro Ozu y sobre todo de Jean -Marie Straub, y su cinta la Crónica de Anna Magdalena Bach (Chronik der Anna Magdalena Bach, 1968), el film se construye alrededor de largos planos secuencias y pocos movimientos de una cámara que privilegia el uso del encuadre fijo. Dicha estrategia, que recuerda igualmente algunas películas de Andy Warhol,  origina el que, a veces, los actores se salgan de cuadro y la cámara siga filmando el espacio vacío. Los protagonistas de una trama ambigua, parecen así habitar en una especie de nada, un mundo regido, como diría Paul Virilio, por la estética de la desaparición. Después de todo si en el franquismo no se podía aspirar a la expresión libre de la identidad, esta debía tender a esconderse, camuflarse bajo extraños rituales o desaparecer del ojo del observador.  Ceremonias todas ellas practicadas por los protagonistas de Contactos.

Paulino Viota concibió su film, más que como un desafío a la autoridad  dictatorial como una provocación a un espectador abducido por, como diría el crítico Nöel Burch (precisamente uno de los defensores de la película) El modo de representación institucionalizado. En otras palabras, subvertir, el discurso formal y narrativo de toda la vida, según el viejo modelo aristotélico de planteamiento, nudo y desenlace. Viota quería atacar la ideología dominante, pues,  tanto en su vertiente política como estética y cultural. Lo malo es que al igual que sus personajes, el film estaba condenado al secreto y la  casi invisibilidad. Nunca fue estrenado comercialmente y sólo se ha exhibido en  festivales y algún museo.

 

Un subtexto de Contactos es la dificultad de las relaciones erótico/afectivas de los individuos en unas circunstancias adversas. En la Transición con la censura desaparecida, Paulino Viota  atemperó la rigidez de sus planteamientos y se planteó un intento de cine normalizado. Con uñas y dientes (1977), estaba protagonizada por actores profesionales como Alicia Sánchez, Alfredo Mayo y Santiago Ramos. El argumento se erigía en un combativo manifiesto sindicalista y anticapitalista (hoy se diría algo pomposamente antisistema) centrado en una huelga y como el líder obrero era acosado por los pistoleros del empresario. No había precisamente un final feliz, pero se impresionaba lo arduo que era compaginar la vida individual y la lucha colectiva.  A destacar una larga secuencia  donde Alicia Sánchez es violada en el interior de un coche que transmite de manera ambivalente fatiga y repulsa ante el acto visionado.

En los 80, cuando todo el mundo en España, era guapo, joven, moderno  y afiliado a múltiples movidas, el realizador hizo su último intento, hasta la fecha. Cuerpo a Cuerpo (1982).Un mosaico, como diría Raymond Carver, de vidas cruzadas. Una serie de mujeres y hombres (y viceversa), los cuales descubrían que, aunque la dictadura hubiera desaparecido, el “contacto” de piel con piel, en el cuerpo a cuerpo de los sentidos y de los sentimientos, seguía siendo una dura tarea, porque, parafraseando a, Georges Perec, la vida no nos da un manual de instrucciones de uso. Viota, ensayó antes de la filmación las situaciones dramáticas con sus actrices/actores, pidiéndoles que improvisaran los diálogos, que grabaría en cinta magnetofónica como material de base para el guion definitivo.

Los caminos que cine español adoptó en los años siguientes: Lujosas adaptaciones literarias; comedia madrileña; auge de la modernidad y la posmodernidad traducida en un “filmas o diseñas”, hicieron evidente que no había sitio para los francotiradores que hacían un cine  de guerrilla. Había pasado el tiempo del celuloide pobre. Ahora una película española tenía que costar mucho dinero como por ejemplo, Eldorado de Carlos Saura, y no se consideraba que los cineastas que hacían sus películas con cuatro duros, como Paulino, fueran capaces de afrontar tales proyectos. El cineasta no logro obtener ninguna subvención para sus proyectos y tuvo que limitar su pasión cinéfila a la crítica cinematográfica en medios como la revista Contracampo, en la que efectuó estudios como el sorpresivo análisis comparativo entre Raoul Walsh, Eisenstein y el golpe de estado del teniente coronel  Tejero.