FICX’55: Voz de compromiso, Nacho Vegas y su Lluz de agosto

Por Chez Neville y Víctor Guillot

Nacho Vegas surgió del ruido y se fue a buscar la melodía. La melodía y un modo ético de estar el mundo. Surgió de aquella escena post-reconversión que se dio en llamar el Xixón Sound allá por los 90 y empezó a pelar sus canciones y a dejarse a sí mismo en ellas. Autoficción sonora desde Norteña.

“Es una película documental en la que se recorre la ciudad de Gijón dibujada a través de 24 voces del ámbito cultural, político y social que se suman a la del propio Nacho Vegas” afirma su director, Alejandro Nafría.

Es curioso como, en cierto modo, otra figura de aquel momento como Francisco Nixon, entonces en Australian Blonde, recorrió un camino similar hacia un pop de cristal sonoro y sentimental. Nacho Vegas, por su parte, se puso a desandar el camino, se miró en los Bob Dylan o Leonard Cohen para fraguar una suerte de Americana de (o desde) Asturias con textos casi recitados en una voz pudorosa, con algo de sermón narcótico en ella.

Dice Nafría que Gijón admite muchas visiones: “en el docu tejemos un gijon industrial, otro de los  80, nostálgico, sentimental y políticamente combativo, así como un gijón decadente”  Mientras se reconstruyen esos años, también observamos como poco a poco, los adornos cayeron, cayó la pose y también cayó el malditismo. Nacho Vegas se detuvo un rato y no pareció gustarle ni lo que vio en sí mismo, ni lo que vio alrededor. Se dio la vuelta, camino de esa ciudad donde siempre llueve y se puso a buscarse no entre la gente, sino en la gente. Abrazó entonces la raíz popular de la música, las canciones sencillas y los mensajes directos.

Lluz de agosto en Gijón deja el regusto amargo de la decadencia, expresada en una gran estafa, “aquella que supuso una perdida de la identidad obrera que tenía la ciudad y de cómo nos vendieron que habíamos dejado de ser clase obrera y comenzamos a ser clase media”. Cesar Rendueles, ensayista, Mar y Alicia Alvarez, miembros del duo musical Pauline en la Playa, el director Ramón Lluis Bande, Sofía Castañón, diputada de Podemos y los miembros del Coru el Alto La Lleva o la PAH Asturies, componen las historias hilvanadas por la experiencia de Nacho Vegas.

La existencia tortuosa que se adivinaba en las canciones fue dando paso primero a una reflexión sobre el propio oficio de hacer canciones y, luego al por qué de hacer esas canciones y para quien se hacen. Un frágil equilibrio, una tensión constante, entre el egoísmo y la generosidad, entre cantar para adentro y gritar al alto la lleva. Nacho Vegas, entonces, emerge del proceso como el músico político que, en el fondo, siempre ha sido, reconociendo en el folk  del siglo 20, la música pop(ular) el vehículo que es al tiempo mensajero y mensaje, significante y significado. Aquí, un puñado de esas canciones y  Lluz d’agostu en Xixón que firma Alejandro Nafría una colección de imágenes, a veces espectrales, que hablan de dignidad, resistencia y melancolía.