FICX’55: Beach Rats

 

Ragazzi di vita pasoliniano, el hermoso protagonista de Beach Rats pasea su desorientación vital y sexual por un Brooklyn que es el antídoto a la visión para revista de tendencias del barrio.  La esperanza granulosa de los 16 mm acerca al naturalismo, pero las decisiones formales, su decidida intimidad respecto de cuerpos y espacios, mezclada con su austeridad envuelven el conjunto en neblina narcótica, ensoñada.

El neorrealismo parece una inspiración, más que una tendencia, para los cineastas independientes de los Estados Unidos, desde los que van camino de la popularidad como los hermanos Safdie o Sean Baker a los que comienzan como la propia Eliza Hittman. No lo replican, lo usan, lo adaptan a un discurso personal, testimonial.

Beach Rats recuerda en algunos aspectos (de montaje, de composición) a los primeros trabajos de Lynne Ramsay en Escocia, también a los de Ana Kokinnos en Australia en los 90, aunque la urgencia de esta se ve sustituida por una languidez, una cierta sensación de parálisis. Es coherente. Esa parálisis es la que atenaza a su protagonista, un all-american boy (paradójicamente Harris Dickinson es inglés) que parece sacado de un anuncio de Tommy Hilfiger. Este experimenta su deseo homosexual de modo clandestino, sórdido, culpable, mientras se relaciona con sus amigos, una chica, su hermana pequeña…según ritos de macho, desarrollando una identidad falsa, que adormece la otra, la íntima y real.

Eliza Hittman observa, encierra. El paisaje (la playa, la ciudad…) es casi un fuera de campo o un fondo animado de escritorio. La imagen clausura el cuerpo. Lo mira en sus gestos y sus formas (caminando, jugando al frontón, fumando…), subrayando en esa insistencia, cercana a un fetichismo que hace pensar en Kenneth Anger, la doble vida, la apariencia social, la negación individual.