FICX’55: El ojo del observado, VALIE EXPORT

Cineasta radical, performer, videocreadora, activista pensadora, fuerza de choque del movimiento feminista, la austriaca VALIE EXPORT ha cruzado la escena Europea desde la década de los 60 hasta el presente en incansable lucha contra las estructuras del capitalismo. Su campo de acción es el cuerpo de la mujer, la identidad, el espacio urbano, la política de género(s)… A lo largo de esta 55 edición del FICX su obra, en diversos formatos, podrá ser vista y visitada en las instalaciones del Antiguo Instituto.

 

“El cuerpo claramente adopta una posición entre yo misma y el mundo. Por un lado este cuerpo es el centro de mi mundo; por el otro es un objeto en el mundo de los otros”. VALIE EXPORT encabeza con esta cita del doctor Ronald Laing su cortometraje de 1984 Syntagma, uno de los mejores y más significativos de su trayectoria. Es una apropiación llena de ironía y una declaración transparente: está tomado de un estudio sobre enfermedades mentales, The Divided Self: An Existential Study in Sanity and Madness. La mujer, en el universo capitalista, en el sistema del hombre, es como un loco, alguien que no pertenece, constantemente dividida, tratada. Syntagma fragmenta, repite y duplica, acelera y amplía, ralentiza y divide…manipula imágenes intrigada por lo que subyace en esas cita: poder y consciencia, dos cosas negadas por el Sistema.

Mujer-marca, despersonalizada de manera irónica desde su nombre (en mayúsculas) tomado de un producto capitalista, una marca de tabaco, VALIE EXPORT se convierte en 1967 en colectivo unipersonal de acción política. Borra su identidad heredada para poder comenzar a preguntarse quién es. “Siempre y Ubicua” como rezaba el motto de aquella su primera acción, donde su propio rostro sustituye al logo de la tabaquera. Allí estaba la mujer, presente y consistente. En sus propios términos y no en los de ningún Sistema o comunidad, porque en todos estaba al margen. Tal vez por ello se mantuvo a distancia del Accionismo Vienés, el movimiento de arte radical, agresivo y violento, que desde principios de los 60 se había empeñado en sacudir las estructuras de una Austria empeñada en disimular y obviar el inmediato pasado.

Influida pero no integrada, VALIE EXPORT traza su propio camino a partir de la experiencia personal y colectiva. Expone y usa el cuerpo, su cuerpo, como material de partida y con él cuestiona el statu quo. En 1968 sale a la calle, con una caja como un teatrillo cubriéndole el pecho e invita a los transeúntes a introducir sus manos. La separación, la alienación, el objeto, el individuo. La mujer, su(s) cuerpo(s) en escaparate, despersonalizados. Tapp- und Tast-Kino (Cine de toca y prueba) la llevará durante el cambio de década por diversas ciudades europeas y cimentará su nombre como artista de guerrilla. En Aktionshose: Genitalpanik (Acción en pantalones: Panico Genital), en 1969, irrumpe en un cine porno berlinés vestida con un pantalón recortado a la altura del sexo, con el pelo de bruja, tal y como la había llamado al prensa austriaca, y armada con una ametralladora de juguete. Una mujer de verdad en un contexto de fantasía suma no realidad, sino alucinación al cuadrado.

Su obra anuncia el feminismo como punk y anticipa que la rebelión definitiva solo puede suceder en el cuerpo de la mujer. En su obra late siempre esa idea de un feminismo que debe dar miedo porque su objetivo es la ruptura, la derrota, del sistema capitalista. Sus trabajos llevan siempre la teoría a la acción y se sirven de una imaginería violenta, cercana al shock como en el corto Remote, Remote donde la propia artista, sentada ante la enorme fotografía de un bebé, se desuella alrededor de las uñas ofreciendo simbólicas imágenes de leche y sangre mezcladas.

La tensión entre la imagen mediática y social de la mujer y la realidad íntima, la imposibilidad de mantener o alcanzar unos estándares creados por ese capitalismo sistémico se encuentra en el núcleo de su obra. Esta se ha desarrollado en ásperos trabajos en 16 mm o video, fotografía e instalaciones donde cuerpos y máquinas se homologan en virtud de una denuncia de la explotación en distintas pero equivalentes (o complementarias) órbitas. Tal vez seamos objetos, parece decir EXPORT, pero objetos que devolvemos la mirada.

Su trabajo es rico en aspectos paradójicos, en efectos surreales y siniestros, en ironías afiladas. Los mensajes se yuxtaponen y comentan tal y como hacen las imágenes, algunos de cuyos mejores ejemplos pueden verse en su segundo largometraje, Die Praxis Der Liebe (La práctica del amor), donde las proyecciones de ojos o labios sobre cuerpos desnudos o los elementos voyeurísticos mezclados con la música de saxo remiten al cine soft-core. El momento en el cual la protagonista se masturba en la bañera remite, en cambio, a uno de sus primeros cortos de impacto, Mann & Frau & Animal (Hombre, Mujer & Animal) realizado en 1973. La dura estética de aquella época se ve sustituida por la estilización y el uso de mecanismos del thriller (misterio, conspiración, paranoia…) así como un lenguaje más cercano al cine comercial, con aspectos que hacen pensar e a Wim Wenders más allá del uso del actor  Rüdiger Vogler.

La ciudad, otro elemento clave en la poética de VALIE EXPORT, aparece aquí casi abstracta, modulada por ese lenguaje neonoir y por la textura romántica de mediados de los 80, notable en luz y colores. Una década antes, la ciudad era un territorio inhóspito, en progresiva alienación, en perfecta coherencia con un acercamiento mucho más radica a la ciencia ficción como fue  Unsichtbare Gegner (Adversario Invisibles), que se servía de la idea de sustitución de La invasión de los ladrones de cuerpos, para observar el olvido austriaco del pasado y la perplejidad de la mujer que ve la realidad a través de sus propios ojos no mediatizados.

Rota por la inclusión de multitud de técnicas, venía a integrar sus performances e instalaciones, así como sus cortos, en un formato que se apropiaba de una estructura estandarizada como la del largometraje. En ella, relaciona el cuerpo de la mujer con la arquitectura urbana, busca un lugar para uno en el otro, algo presenta también en diversos trabajos fotográficos y que repetirá en el mencionado Syntagma usando, como en Unsichtbare Gegner tanto cuerpos reales como fotografía (en b/n) de los mismos en una alternancia que lleva al vaciado y la iconización, así como al extrañamiento que hace de ese cuerpo femenino algo integrado en el paisaje urbano, sin dimensión propia. La mujer en la ciudad así, equivale a preguntar por la mujer en la sociedad que ha construido ese continuo histórico que son las ciudades, y a cuestionar una organización basada en el sujeto y el espectador, el consumible y el consumidor.