FICX’55: Venus de Londres: How to Talk to Girls at Parties

Por Adrián Esiblla

How to Talk to Girls at Parties fue primero, en 2006, una historia corta del escritor inglés Neil Gaiman. Luego, en 2016, un tebeo de los gemelos brasileños Fabio Moon y Gabriel Bá editado en España por Planeta y ya mismo, en 2017, una película que recupera para el cine la personalidad de John Cameron Mitchell y que se proyecta en el FICX 55.

En cada una de esas encarnaciones, ha mutado, conservando algo, perdiendo otro poco. Relato y cómic son breves, escuetos. Se atienen a la premisa del título. Unas chicas, una casa, una fiesta. Tiene algo mítico, esencial, como si fuesen todas las chicas, todas las casas y todas las fiestas. Los protagonistas, Vic y Enn, quien es el narrador, son unos adolescentes a los cuales el mundo se les abre  y para Enn, las chicas son el misterio definitivo.

“ – Son solo chicas. No viene de otro planeta” , dice Vic citando con efecto el “Another Girl Another Planet” de los Only Ones.

“Space travels in my blood

There ain’t nothing I can do about it

Long journeys wear me out

But I know I can’t live without it, oh no”

Es una pista de los extraños derroteros de la fiesta, las chicas y el relato que en su película John Cameron Mitchell lleva a la literalidad, personalizando en Elle Fanning, que podría ser la chica de las largas extremidades de la canción de Nick Lowe, expandiendo el tiempo y el escenario a un Londres en revuelta adolescente punk. Gaiman y los hermanos Moon y Bá prefieren lo impreciso, nunca desarrollando al completo la naturaleza (¿mito, idea, fantasía…?) de las chicas. El ritmo intoxicante del fraseo de Gaiman se respeta en el comic, siendo fácil identificar allí la voz del autor de Sandman. En su contrapartida cinematográfica esta voz ha sido colonizada por la de John Cameron Mitchell.

Se pierde algo, decía, y ese algo es la penetrante sensación de melancolía subrayada por la noción misma del relato, de algo contado que, cada vez que se explica se desvanece un poco más. Moon y Bá se acercan más a la sensibilidad original de Gaiman, o tal vez lo respeten con cierta veneración, y aunque su tebeo carece de precisión temporal y los protagonistas aparentan diez años más de los que se les supone aciertan de lleno en la atmósfera y, bueno, el misterio.

La elegancia sensual de su estilo de línea (clara) curva y el excepcional trabajo de coloreado ofrecen una inmersión psicodélica que dota de una naturalidad al paso de lo mundano a lo fantástico; como la revelación de algo presente que todavía no se había captado en su totalidad. John Cameron Mitchell no ofrece tampoco precisión, su Londres punk es una reimaginación pop, limpia e inclusiva. Un punk sin odio. El material de Gaiman, entonces, muta en fábula romántico-colorista sobre la individualidad. Un elogio entusiasta a la especificidad, la singularidad y el poder elegir lo o quien querer ser. Lo lleva, ya decía, de Gaiman a John Cameron Mitchell.