PJ HARVEY: MUERTE POR STENDHAL (2016)

Por Jorge Alonso

El plato fuerte oficial de aquella tremenda edición del cool festival por excelencia, eran los Radiohead (y su aparente negativa a tocar un Creep que acabó atronando el final de un concierto tirano a soso), pero quien tensó las cuerda e hizo vibrar una noche de sábado que aún resuena, que justifica la existencia de este tipo de eventos, con todos sus peros y contras, quien dejó un reguero de belleza para el recuerdo, fueron la infalible Polly Jean y su banda de seda y hierro.

Pj Harvey goza de un merecidísimo prestigio entre crítica y público, no es para menos, desde que apareció en escena ha dejado obras maestras del tamaño de To Bring You My Love, Stories From The City, Stories From The Sea, o Let Englad Shacke, tres disco, por cierto, que solo tienen en común la sonoridad propia de las composiciones, las manos y la garganta de quien los firma, una mujer que lleva siendo la artista más certera e infalible de los últimos veinte años y aún no ha conseguido ser masiva ni cabeza de cartel en los grandes festivales, algo que bandas como la mencionada Radiohead sí han conseguido con menos méritos. Pero el género no tiene nada que ver, por supuesto. En su última reinvención, resulta que no solo Bowie fue capaz de ir mutando y mudando de piel, Pj está inventando, creando si lo prefiere, un género nuevo, una mezcla líquida, etérea y contundente, con pasos de folk, de blues, de fanfarria, de banda municipal, de aire balcánico y poso londinense, de campiña y batalla, de canto coral y fundido a negro en la carismática figura de Polly. La jefa de todo esto.

Cuando tuvimos la suerte de verla en el BIME ese mismo año su concierto, pelín lastrado por un sonido un tanto deficiente, comprobamos que lo ocurrido en el Primavera Sound no era casualidad, y basta echarle un ojo a alguna de sus actuaciones disponibles en Youtube, la de Glanstonbury, por ejemplo, para corroborar esto, Harvey está haciendo una gira irrepetible, y su tocayo Mick (un ex Bad Seed con muchos, muchísimo galones) lo dejó bien claro “ella es la jefa”, ni Parish, ni James Johnston ni él mismo, ella, Pj Harvey, que no solo compone si no que dirige el espectáculo, el modo y la forma, pese a esto, tras su paso por el mencionado BIME tuvimos que tragar con alguna crónica indigerible que reducía el papel de la jefa a partener de los tipos que, al parecer, la llevaban en volandas. En fin. El diablo patriarcado.

Pero aquella noche en Barcelona no había nada de eso, aquella noche había pasado Brian Wilson y se había levantado esa brisa maravillosa que de vez en cuando refresca las noches del festival y muestra un cielo despejado a la orilla del mediterráneo que te abstrae del tumulto, los precios y la pesadilla de los taxis a última hora del Primavera y primera de la mañana. Fresco sin frío y gente ya algo tocada tras un par de días intensos esperando y unas pantallas que permitían seguir la actuación sin fisuras, con una realización en tiempo real digna de premio con estatuilla. Y allí, entonces salió, encabezada por Pj al saxofón, una banda armada de bombos y percusiones dispuesta a desgajar el The Hope Six Demolition Project, un discazo que se agiganta en el directo con una intensidad liviana, en absoluto inmovilizadora, guiada por la voz y los ademanes de Harvey, chamana elegante que no escatimaba sonrisas ni esa sensualidad que tan bien despliega desde el escenario hacia quienes allí estábamos. Aquel público aparcó durante una hora y media el modo fiestero que desluce de tanto en tanto los conciertos, era muy emocionante comprobar el efecto de Polly y los suyos entre el público, el modo en que The Wheel subía la tensión y restaba los grados de separación, la forma en que The Words That Maketh Murder o The Communitty Of Hope soltaban las caderas y hacían olvidar las piernas cargadas tras tantas horas pegadas al asfalto, y, cuando creíamos ser los humanos más afortunados del planeta, cuando apenas podíamos creer las vibraciones que nos traspasaban, justo entonces a un gesto de Pj las luces se fueron para volver con el escalofriante I lost my heart, under the bridge… que abre la inmortal Down By The Water ¿un guiño noventero? En absoluto, un rayo que a punto estuvo de fulminarnos felizmente allí mismo, más aún cuando sonó otra de las joyas arrastradas del mismo disco, rasgando el aire (literalmente, lo vimos), rompiendo en cachitos el mundo real, sacando cada individuo de la masa para contar poco a poco, tras presentar esa banda para la historia, el modo en que vino del desierto en el que nació para traernos su amor. Escalofriante, tanto que casi esperábamos que acabara a allí, al borde del abismo como el joven Werther, a punto de morir dulcemente fusilados por un ataque de Stendhal. Pero no, lo más intenso estuvo por llegar, con la suavidad de River Anacostia, con todos dejando paulatinamente sus instrumentos y añadiéndose al coro de Water On The Water que se abrazaba con la canción, así poco a poco apagándose, comandados por la voz no divina, sino más humana que los humanos, con la que PJ Harvey nos lleva de la oscuridad a la luz y viceversa, y más allá. En aquella explanada dejamos lo mejor que podíamos ser.