Kyllian Castells, director de olas

Por Dani Permuy

Nazaré no es exactamente como La Meca del surf porque para ese dudoso honor ya existen Hawaii o Indonesia. Si lo asemejamos a la cristiandad, Nazaré sería algo así como Fátima: un lugar diferente al discurso oficial, un sitio único y un poco extraño, en el que suceden cosas que podríamos definir como milagros. ¿Que por qué busco tantas referencias religiosas para hablar de un pueblecito costero de Portugal conocido internacionalmente por su vinculación al surf de olas grandes?; supongo que  todo el misticismo que rodea a la mantodóstica ola que cae frente a su faro justifica las comparaciones; al fin y al cabo (y al igual que sucede con las cuestiones de fé), nadie que haya visto surfear en directo esas masas descomunales de agua contemplará el mundo de la misma forma.

En los últimos años, el filmmaker Kyllian Castells llevaba tiempo sintiendo una especie de impulso por conocer en primera persona lo que sucede en aquellos lares. «Muchos amigos me habían dicho que hay que ir por lo menos una vez en la vida a ver romper Nazaré», explica. Frente al acantilado y con las condiciones adecuadas, allí se surfea la ola más grande del mundo. «La verdad es que no tengo claro si se puede llamar surf a lo que pasa allí», sonríe Kyllian, «pero tenían razón: merece la pena contemplarlo por lo menos una vez en la vida».

Kyllian Castells tiene treinta años e imagino que le conozco un poco porque, al fin y al cabo, hemos estado ocho meses trabajando juntos, podría decirse que codo con codo. De primeras Kyllian puede resultar bastante cortante, con su tendencia a la estética oscura, su barba negra y un discurso que tiende a la rotundidad… pero en realidad, es de ese tipo de personas que entiende que la confianza requiere cierto tiempo y que la personalidad es innegociable.

Por lo que sé, Kyllian lleva haciendo vídeos vinculados al surf desde hace unos siete años, cuando abandonó su Cataluña natal para aterrizar en Asturias por motivos laborales, buscando un cambio de aires. Sin duda, descubrir el surf fue inspirador para alguien que venía del mundo del snow, de vivir en plena montaña. «Para mi empezar a grabar fue algo muy normal porque las cámaras siempre han estado presentes en mi entorno», me cuenta. «Mi padre era fotógrafo y además, en las temporadas en la nieve con mi hermano mayor (que también era snowboarder) siempre estábamos grabando trucos». La vida frente al Cantábrico y el nacimiento de una gran amistad con Dani Aznar (un surfer gijonés de mucho talento) fueron dos aspectos clave para la entrada de Kyllian en el mundo del surf, que empezase a grabar vídeos con lo que pasa dentro del agua «fue algo muy natural».

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Sin embargo, su particular manera de entender las filmaciones llamó rápidamente la atención de gran parte de la comunidad surfera. Una cosa es grabar y otra muy distinta es crear un material que tenga algo de relevante. En sus vídeos, Kyllian ha construido un estilo propio que tiende a atmósferas densas y oscuras junto a un asombroso uso de la imagen en el que cada plano resulta una obra de arte; además, la música también juega un papel determinante. Uno de sus últimos vídeos (un clip que dura poco más de minuto y medio y que fue grabado en Nazaré), consiguió dar un punto de vista nuevo y totalmente diferente de la mega-ola, miles de veces filmada. Black Carnival (así es como se llama) retrata mejor que ninguna otra grabación el miedo que se respira alrededor de Nazaré. Ha sido portada en Vimeo durante varias semanas, lo han compartido las publicaciones más importantes del mundo del surf y ha dado literalmente la vuelta al mundo. Sin embargo, si estás pesado que para producir un vídeo así, alabado por Surfer Magazine y que ha aparecido en el telediario francés (por poner solo un par de ejemplos más), Kyllian ha contado con muchos medios, tiempo de sobra, patrocinio de marcas y dinero… bueno, mejor vamos a dejarlo claro desde el principio: estás equivocado.

Lejos de lo que podría imaginarse ante una grabación de estas características no existe un proyecto propiamente dicho detrás. Kyllian tenía el lunes y el martes de carnaval libres y esos días coincidía un swell muy fuerte en Nazaré. «Lo colgaron en una de esas webs del mítico mapita de manchas rojas y flechitas», me cuenta. «Además, me encontré con Juan Fernández (ex-editor jefe de la revista Surfer Rule) el sábado y me dijo que aquello pintaba muy bien, que merecía mucho la pena acercarse». Sin embargo, hasta el mismo lunes por la mañana, Kyllian no tomó la decisión de irse a Nazaré a grabar. «Para empezar mi furgoneta estaba medio estropeada, necesitaba pasar por el taller y meterle un viaje así era un poco jugársela, ir a la aventura», apunta, «además, las cosas como son: son más de siete horas de carretera y yo el miércoles tenía que trabajar. ¿Iba a meterme unas quince horas de carretera entre ida y vuelta y gastar 200€ entre gasolina y lo demás para pasar unas pocas horas en Nazaré?… no lo tenía nada claro».

Nazaré es el típico pueblito de pescadores portugués, con pequeñas casitas y un ambiente muy auténtico; en realidad, no quedan muchos pueblos así en Europa; tiene una playa bastante grande pero con un paseo que es mínimo y al fondo está el peñón, cerca de una iglesia, un parking y, por supuesto, el faro (ese que sale en todas las fotos). Cuando Kyllian llegó al mirador del faro quedó muy sorprendido, «no me parecía un sitio en el que fuesen a salir olas. El mar estaba revuelto y la ola parecía que no acababa de romper. Después de estar viéndolo un rato me fui a hacer algo de compra al Lidl y me quedé allí hasta que cerró por la Wifi (¡lo creas o no, en Portugal la Wifi es gratis en todos los Lidl!)” me cuenta, «en el súper me encontré a Juan Fernández de nuevo y me comentó un montón de detalles sobre cómo funcionan las cosas por allí: a qué hora llega la gente, por donde entran los surfers con las motos… Además Juan me dió algún que otro consejo, como que fuese temprano para coger sitio porque también era festivo en Portugal y había mucha expectación».

En Nazaré se mueven grandes cantidades de agua, mucha adrenalina y un circo mediático muy bestia gracias al patrocinio de marcas como Mercedes, Red Bull o Tag Huer. Cuando ves al mítico surfer americano de olas grandes Gregor McNamara, (afincado en Portugal y uno de los pioneros del surf en el lugar), aparecer con su piel curtida y desgastada por el sol en un Mercedes enorme e impecable, empiezas a imaginarte todo lo que hay detrás a nivel económico. Los chalecos salvavidas llenos de sponsors, las motos de agua completamente serigrafiadas, el arco de la WSL (World Surf League), los tipos grabando con cámaras de cine profesionales y los drones, no hacen más que confirmar lo evidente: en Nazaré se mueve muchísimo dinero. Sin embargo, el vídeo de Kyllian nació completamente al margen de todo eso, desde una actitud muy underground, que particularmente siempre he defendido.

«El marte me levanté a las seis de la mañana», me cuenta, «llovía y hacía bastante frío pero recuerdo que dormí muy muy bien, fueron pocas horas de sueño pero pleno y feliz por estar allí. Me desperté en la furgo, que estaba aparcada en el parking que hay detrás del faro, desde donde no se ve el mar. Al acantilado se llega por un caminito que te va acercando al peñón. Cuando me levanté fui rápido a mirar el mar y entonces sí que aluciné. No se me ocurre una expresión mejor: estaba gigante y muy revuelto y recuerdo que pensé ¿de verdad se va a meter alguien aquí?». No es de extrañar el estupor que sacudió a Kyllian; el día fue el más épico que se recuerda en el lugar en años, el mar lanzaba masas de agua gigantes contra el acantilado y estaba muy desordenado, con las series de olas entrado desde distintas direcciones.

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«Diluviaba», continúa relatando Kyllian, «al poco de estar viendo el mar empecé a notar mucho movimiento en la zona, llegaron Axi Muniain y los demás y empezaron a gritar y a decir ‘vamos para el puerto, vamos para el puerto’ y después se largaron pitando. Pensé “¿en serio?, pero ¿en serio?…».  En ese momento Kyllian empezó a montar la cámara para grabar algunos recursos. «Seguía llegando gente aunque no estaba nada claro si alguien iba a entrar o no. Había mucha incertidumbre porque la cosa daba mucho miedo, miedo de verdad. Ni respeto ni nada… la palabra es miedo. De repente entraron tres motos al agua como para inspeccionar el terreno y la verdad es que nadie tenía ni idea de lo que iba a pasar».

Unos minutos después paró de llover de golpe y salió un poco de sol y aunque el mar seguía estado desordenado, la cosa mejoró un poco. Fue entonces cuando los surfers entraron con las motos de agua en la zona del pico (el lugar donde rompen las olas).

Kyllian sabía que Muniain llevababa una moto con otro surfer, Francisco Porcella, pero a las otras dos parejas (surfer/motorista) que había en el agua ni siquiera las conocía. «Yo estaba grabando pero no sabía muy bien a quién», afirma, «cuando las motos se fueron al pico coincidió que me sitúe junto a un cámara del equipo de Axi. Grabé unos audios muy buenos, pero finalmente no pude usarlos para el vídeo. Hubiese sido la hostia… De repente entró un serión gigante y entre las espumas se vió que una moto iba a empujar a un surfer para tirarse en la tercera ola de la serie. Entonces sí que me puse realmente nervioso, se veía claramente que era la ola del día y las cosas como son: me había metido una paliza para llegar allí y estaba grabando en unas condiciones muy difíciles, con lluvia, viento, desde muy lejos ¡y con una lente sin estabilizar!» El viaje de Kyllian se resumiría en esa toma de diez o quince segundos. «Entonces sí, se pilló el olón del día» -que después sería la del año- «y lo grabé y pensé que la toma podía haber sido buena, aunque no estaba seguro».

Kyllian Castells también grabó una caída muy fuerte, que después montaría con mucho acierto al inicio del vídeo. «Después de esa ola (la de la caída) se produjo un parón largo, como de media hora o así; una moto fue a buscar a un surfer a la playa y sin las tres motos de agua en el pico no querían surfear, imagino que por seguridad» nos cuenta, «era  la una de la tarde y no parecía que fuese a poder hacerse mucho más, así que decidí volverme a Gijón».

Durante el viaje de vuelta,  Kyllian imaginó un vídeo distinto, en blanco y negro, capaz de trasladar toda la fuerza y la poética de una ola cuyo signo de identidad no es la grandeza y que, en realidad, no tiene nada que ver con el surf al que estamos acostumbrado. Ni siquiera los materiales son los mismos que en el surf normal. Kyllian pensó en cómo podría dejar constancia de algo que, por obvio, el resto había olvidado: el miedo que flota en el ambiente cuando estás en Nazaré. El vídeo ya estaba en su cabeza.

Al llegar a casa, tardó muy poco en montarlo, «estaba cansado y no me apetecía mucho ponerme a editar” me cuenta “pero le envíe unas tomas a Héctor Rodríguez, que es un gran amigo y siempre me da buenos consejos y me dijo que tenía que subirlo cuanto antes».  Debió insistirle mucho porque Kyllian al final, le hizo caso. Lo editó, lo subió y se fue a dormir agotado.

A la mañana siguiente, miércoles día 1 de Marzo, Kyllian llegó a trabajar. Entonces él y yo trabajábamos en la misma mesa, literalmente frente a frente, en unas oficinas del centro de Gijón. Yo ya estaba en mi puesto de trabajo, haciendo alguna cosa con el ordenador.  Recuerdo que Kyllian me sonrió de un modo extraño, como un niño que sabe algo que tú no sabes; después me dió los buenos días, encendió el ordenador y lo primero que hizo fue enviarme el vídeo por un programa de chat interno, sin decirme nada.

Cuando lo abrí recuerdo que pegué un fuerte grito que resultó completamente inadecuado para una oficina en la que trabajan unas cuarenta personas más.

Millones de reproducciones después, el resto ya es historia.