Perder ganando. Dortmund 1988

Por Jorge Alonso

Tal vez el apagón que Stevie Wonder sufrió en los ochenta pueda explicarse por la luz cegadora de uno de sus herederos ¿cómo competir el brillo que emanaba de Prince? Lo que Wonder hizo en la década anterior se antoja irrepetible, Music of My Mind (1972), Talking Book (1972), Innervisions (1973), Fulfillingness’ First Finale (1974), Songs in the Key of Life (1976), Looking Back (1977), Journey Through the Secret Life of Plants (1979) en fin, lo que viene siendo hacer siete discos perfectos en siete años. Pero los ochenta de Prince no le fueron a la zaga, Dirty Mind (1980), Controversy (1981), 1999 (1982), Purple Rain (1984), Around the World in a Day (1985), Parade (1986), Sign o’ the Times (1987), Lovesexy (1988) y Batman (1989).

Wonder era un artista hecho y derecho, un gigante que había ido creciendo desde Little Stevie hasta ser la bandera fiel de la Motown, Prince era el genio de Minneapolis antes de haber demostrado que, efectivamente, era uno de esos tipos que podían ser llamados genios.

9da30b3a1db343f1d27b3f59bd5d5d2cVenció ciertas inseguridades, y hablamos de alguien que impuso sus condiciones ya con el For You, su primer disco (tenía apenas veinte años). Creía que su voz solo merecía la pena cuando cantaba en falsete. Ese tipo de cosas fue superando, así como la etapa de provocar para destacar como fuera y demostrar que, de entre los artistas totales, aquellos y aquellas que podían cantar y bailar, él era el mejor, el que además podía tocar, podía componer, y sabía explotar su instinto teatral.

El Príncipe optó por la parte carnal para sacar la cabeza, que no era nada fácil. La música afroamericana aún no se había desinflado ni edulcorado del modo en que lo acabaría haciendo, y el Thriller de Jackson no dejaba mucho espacio para respirar. Simulaba penetraciones en escena, escribía odas al sexo oral (Head) y salía en paños menores en las portadas de discos y singles. Todo eso le mantuvo aferrado a la industria. Eso y canciones como “I wanna be your lover“, “Controversy“, o “Why You Wanna Treat Me So Bad?” hasta que “1999“, la canción y el disco, le pusieron en esa posición en la que te la juegas con el siguiente movimiento, tropezar viene a ser lo mismo que caer, y un paso firme deja el futuro en tus manos. Prince & The Revolution (su banda de entonces), editaron en 1984 Purple Rain, y en ese disco que combina soul, funk y pop, está “When Doves Cry“, “Let´s Go Crazy“, “Take Me With U“, “Darling Nikki“, y claro, “Purple Rain“. Prince había cruzado el Rubicón, pero en vez de ir al senado y tomarlo decidió construirse uno propio, al fin y al cabo la cosa iba de togas púrpuras ¿no?

Lo suyo era seguir con la fórmula, pero Prince había dado por terminada una etapa al grabar Purple Rain. Su siguiente álbum fue un homenaje al “Strawberry Fields Forever” de los Beatles, un paseo ligero y levemente sicodélico que respondía por Around the world in a a day, una maravilla con singles tan imponentes como “Rasppery Beret” que no fue del todo bien recibido en EE.UU. pero sí en Europa, al igual que ocurrió con su siguiente disco, Parade (1986), que, como Purple Rain antes que él, tenía su réplica cinematográfica, y que contenía, entre otras maravillas, la imparable “Kiss” y la deliciosa “Sometimes Snows In April“. Este Prince afrancesado tenía aires de rey loco, vulgar y barroco, le sobraban ataduras y le rozaban quienes querían decir una nota de más en los discos.

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A Ed Wood le sobró el refuerzo positivo de su encuentro con Orson Welles, Prince firmó, casi en solitario, Sign O´The Times (1987), probablemente el mejor disco doble de la historia, tras el White Album Beatle y el Blonde On Blonde Dylan. Su genio parecía no tener límites, sus desbarres estilísticos, que marcaban tendencia, tampoco, y ahora a la ecuación se sumaban lo pecaminoso, el arrepentimiento la redención, el purgatorio y el neón. Cuando sacó Lovesexy Prince era el rey de “Alphabet Street“, y el rey quería mostrar todo su esplendor costara lo que costara sacar Versalles a pasear.

El caso es que costaba mucho, el Lovesexy Tour fue una ruina que explica la banda sonora de Batman, banda sonora más que digna que Prince despachó en tiempo record (y que contiene “Scandal“, nada menos). Cada vez que salía a escena perdía dinero, mucho dinero. Daba igual que vendiera todas las localidades, que lo hacía, esa escenografía urbana y celestial, reluciente y húmeda, costaba un dineral, había un Cadillac blanco, una cama giratoria, un escenario en redondo, una orgía de luces, coreografías y efectos, un relato que hilaba todo el show… y un artista al que no importaba nada que no fuera todo eso.

Prince tenía claro lo que quería contar, tocar, cantar y bailar, y de los temas del más acá que se ocuparan sus contables y sus abogados (hubo de hipotecar su recién inaugurado Pasley Park, parte estudio, parte búnker, parte mansión), con una banda de ocho personas, en la que destacaban Sheila E, maravillosa baterista y percusionista, y Cat, maravillosa en general, dos partes muy diferenciadas y un juego constante entre el pecado y la expiación, la luz y la oscuridad, salpicado de un repaso exhaustivo a su repertorio.

prince_shcPrince decidió dejar constancia de su brillo más intenso grabando su actuación en Dormund. Nada de Chicago o Nueva York, nada de raíces. Dormund. Alemania, Europa. Un guiño al público que no habría de abandonarle jamás, como a ese director que encarna Woody Allen en “Un final Made In Hollywwod“, la película que dirige Woody Allen, y que tanto se parece a Woody Allen.

Resulta hermoso ver un público que asiste extasiado, incluso entusiasmado, a un despliegue que por momentos resulta excesivo, con Prince en estado de gracia, flotando, deslizándose sobre sus tacones, elevando la temperatura junto a Cat, rayando el cielo con la guitarra y ganándose la vida eterna cuando se sienta al piano y, ay… comienza a tocar un medley para la historia. El modo en que mira de reojo, la forma de reírse y de negar cuando el público aplaude el alarde fácil, esa cómplice “Starfish & Coffe“, ese atacar la irrepetible “Strange Relationship” o la delicada “Condition Of The Heart“, el leve soplo de nieve en Abril, si hay un mejor momento en su carrera no tenemos constancia visual de él.

Prince al piano tras medio concierto, Prince conquistando la vieja Europa desde su raíz afroamericana, Prince haciendo guiños de jazz, de funk, de soul, de rock, de pop, de Lizt, de blues, de baile, de ropa ajustada y camisas con chorreras, Prince lamiendo la guitarra, Prince rebotando contra el suelo, Prince cantando y poniendo la vida de punta, Prince arruinándose ante los ojos del mundo sin dejar de tocar, de cantar, de bailar , de ponerse tierno, furioso, ardiente y delicado, Prince perdiendo millones en una gira sin parar de sonreír, Prince de Dormund al cielo, haciéndose eterno, guiñándonos un ojo y anticipándonos que el dinero no importaba aquella noche. Ninguna noche.