Raúl del Pozo, Merlín en el Congreso

Por Víctor Guillot Monroy

Es el mago del columnismo, un Merlín en los pasillos del Congreso de voz telúrica y pelo blanco, que se deja caer por los garitos mas oscuros de Madrid para coronar las páginas de El Mundo. En una de sus últimas entrevistas, Umbral afirmaba que Raúl del Pozo tenía una prosa privilegiada, propia y personal, con una fuerza que casi nadie tiene. No es una voz exquisita, sino de gitanos y de toros, llena de hallazgos líricos.

Desde Bárcenas hasta hoy, hemos descubierto que el escritor conquense sigue en buena forma. Se nutre de la manigua de la historia y de las mujeres para ofrecer un paisaje de la España 2.0.  Raúl del Pozo o Raúl Jucar es a la literatura del siglo XXI lo que Caravaggio fue para la pintura del XVI y el XVII: tenebrismo y lumpen- proletariado.  Sus columnas, como los Sueños de Quevedo, están ocupadas por trujamanes, tullidos y putas, por políticos, filósofos y poetas, sin rango ni jerarquía, ambulantes de la Carrera de San Jerónimo o de la calle Montera.

Círculo de Tiza ha reunido sus artículos en El Mundo bajo el título de El último pistolero, y todos ellos forman un repaso político y sentimental de la España más convulsa y cercana, la que vibra ante la incertidumbre política , la que suda sangre por el saqueo y la corrupción, la que ha echado a las familias de sus casas en mitad de la tormenta y ve como el viejo sistema se desmorona.  No es de extrañar entonces, que Raúl del Pozo cotice más  que nunca al alza en la bolsa del periodismo. Anarco-liberal, en su desencantado viaje a la derecha, vive con alegre sorpresa la rebelión de las masas y el temor del que no sabe cuantos años le concederá Atenea para contar el estado de nuestras cloacas

Raúl del Pozo es la excepción del columnismo español. Ese que, presidiendo la contra de un periódico, firma sus portadas anunciando exclusivas capaces de derribar a un presidente, si este país fuera realmente transparente y democrático. Aún así, el periodismo y el Real Madrid le han brindado más triunfos que la política y el juego, quizá porque la política en nuestro país es lo más parecido a la ruleta, donde todo el mundo espera que los premios lleguen solos.

A Raúl le han concedido todos los reconocimientos de la profesión, pero le ha faltado el merecido galón por sus novelas. Sus columnas son el relato negro de una España dura, áspera y suicida, sembrada de cadáveres políticos, llena de raptos, guerras y conjuras. Sus novelas hablan de lo mismo, en un tono más abstracto y, sin embargo, pulsadas con la misma negritud. Es nuestro Pasolini criminal, pero ese otro Del Pozo nadie lo ha leído o, lo que es peor, no lo han querido leer. Raúl, el último pistolero, morirá con las botas puestas para contarnos que España sigue siendo un páramo por el que desjarretan balazos indios y vaqueros, como Monument Valley, como el Cañón del Colorado.