“La nata está subiendo: volvemos a los días de la crispación”

Por Víctor García Guerrero

Me llamo Raúl del Pozo. Nací la noche de Navidad, como Ava Gardner y Jesucristo, en una aldea de la Sierra de Cuenca. Y ya está. Y aquí estoy. Me dedico a escribir y me publican cosas. Y de eso vivo.

-Lo último que te han publicado es El último pistolero, que edita Círculo de Tiza. Son 113 columnas tuyas publicadas en El Mundo y que ha seleccionado y organizado Jesús Fernández Úbeda bajo los epígrafes “De lo divino”, “De lo humano”, “Eros” y “Afrodita”. Bárcenas no está en estos títulos. Ni Cataluña. Ni las frutas de temporada en tu jardín…

-Bueno, ¡soy inocente! Este libro lo han hecho entre mis amigos. Lo ha hecho una editora maravillosa que está de moda, que es la de Círculo de Tiza. Luego han colaborado, en esa especie de hagiografía repugnante (risas), todos mis mejores amigos, que dicen cosas que no son ciertas, porque si fuera cierto lo que dicen de mí pues yo sería la rehostia. Es un libro hecho con mucho afecto de mis amigos y hablan todos muy bien de mí, desde Arturo Pérez-Reverte al Loco de la Colina. Manuel Alcántara llega a decir que soy el mejor de los de ahora y de los que hubo. Yo creo que se ha pasado, con todo el respeto. Es un libro en el que me tratan con mucho cariño. Si tiene interés el libro no sólo es por las columnas, si alguno no las ha leído o las ha olvidado sino por la aportación de gente como Úbeda, que ha hecho una selección preciosa, con un sentido de la síntesis, que es la gran señal de inteligencia. Luego [Julio]Valdeón, que ha dado el título al libro y que escribe un artículo maravilloso. El prólogo de Jorge Bustos es precioso. Y, bueno, yo me pregunto, ¿pero seré así? Pues me digo que si fuera yo así sería una estatua, vamos. No es verdad. Soy un modesto periodista que se gana la vida escribiendo, lo que cada día es más difícil.

-Una presentadora de la Fox, la televisión favorita de la derecha estadounidense, va a ser la portavoz del Departamento de Estado de Donald Trump. ¿Qué te parece el tránsito por las anchas avenidas entre el periodismo y la política?

-Estamos viviendo un momento dramático del periodismo. No sólo por esa broma de la posverdad, de que no importa que las informaciones sean veraces si tienen sentimiento e inciden en la opinión pública. Vivimos un momento en el que el viejo periodismo que nace en la Ilustración y que ha hecho los grandes cambios históricos, que está en el origen del liberalismo, del marxismo, de la democracia, ahora sufre una especie de ocaso. El periodismo nuevo, el que ha inventado internet, es fascinante. Es la información instantánea que llega a todos los seres humanos del mundo a través de los teléfonos, de la televisión, de todas partes, ¡del aire!, ¡la llevan los pájaros! Pero no se ha solucionado el problema de la veracidad. Aún, el periodismo escrito es la garantía de la veracidad y todavía no hemos inventado un periodismo que tenga -no digo el control, que es una palabra horrorosa- sino que tenga la rectitud, el afán de objetividad y de verdad que tenga el periodismo escrito. Esa es la tragedia que creo que estamos viviendo.

-Y eso que tú participas en tertulias de radio y televisión. Y llevas tiempo, porque empezaste con María Teresa Campos, creo recordar. ¿Cómo ves los cambios que se han producido en este género o subgénero?

-Primero, yo voy de tertulia porque yo antes iba a la tertulia del Café Gijón y largábamos del Gobierno y no nos pagaban nadie. Luego vivimos la gran fascinación de que podíamos largar del Gobierno y encima nos pagaban. Mi oficio es periodista. Hay gente que me dice, “bueno, has aprendido a escribir y apenas a hablar”. Dicen que hablo peor que escribo… Pero, vamos, a mí la radio me tiene… cada vez me gusta más la radio. Yo hago una sección en Onda Cero que se llama “Viva el vino” y me ve la gente por la calle y me dice “¡Viva el vino!” (risas). La radio llega al corazón y al oído de la gente inmediatamente. Lo que más me gusta de todo es, primero, escribir, que es mi oficio. Y luego la radio. Arturo Pérez-Reverte dice que nos “malgastamos en las tertulias, es un submundo”. Pero es una manera, bueno, te llaman y no puedes decir que no en esta profesión porque mañana puedes estar sin trabajo. No digas nunca que no (risas).

raul del pozo 2“Me avisaron: “ten cuidao, Raúl, estás pisando terreno peligroso, pisas minas, deja ya lo de Bárcenas que eres premio no sé qué y no sé cuanto”. Lo que pasa es que a mí el veneno de reportero nunca se me ha agotado y cuando yo vi el toro, el toro de Bárcenas, pienso: aquí con 450 palabras puedo tirar el Gobierno. No lo tiré pero la verdad es que fue impresionante. Me di cuenta del poder de la palabra, del poder del periodismo”

-En tus columnas en el periódico citas, das información, a veces exclusivas. También sueltas versos. Me llama la atención cuando tienes una información exclusiva como la de Bárcenas que no hagas de eso un artículo convencional o un reportaje y optes por la columna. ¿Por qué optas por este género?

-Vamos a ver. Primero, yo me dedico a la columna. Segundo, hay mucha gente que me está preguntando que por qué no escribo de Bárcenas. Y yo digo que no escribo de Bárcenas porque no soy Cascorro (risas), no soy un héroe legendario. Me han avisado: “ten cuidao, Raúl, estás pisando terreno peligroso, pisas minas, deja ya lo de Bárcenas que eres premio no sé qué y no sé cuanto”, me recuerdan. Lo que pasa es que a mí el veneno de reportero nunca se me ha agotado y cuando yo vi el toro, el toro de Bárcenas, aquí con 450 palabras puedo tirar el Gobierno. No lo tiré pero la verdad es que fue impresionante. Me di cuenta del poder de la palabra, del poder del periodismo. Como yo tenía algunas informaciones directas de “Garganta de Seda”, que en realidad era Rosalía, la mujer de Bárcenas, y del “tercer hombre”, yo tenía informaciones exclusivas, vi los papeles, vi las firmas, vi el nombre de los empresarios… me quedé aterrorizado. Y lo publiqué. Eso fue fascinante. Pero yo no quiero seguir en esa historia, yo dije lo que tenía que decir y dicho está. Y me preguntan: “¿por qué no sigues?” Pues no sigo porque lo que quiero es contar lo que pasa cuando tengo una noticia y sanseacabó. Dices tú, “¿por qué no se publica en formato reportaje?” Porque creo que la columna, tal como la entienden los anglosajones, no es una cosa literaria, de “nuevo periodismo”, de lucimiento del pensamiento individual de una persona, sino que también debe obedecer a la máxima del periodismo, que es la noticia: decirla antes que nadie, publicarla antes que nadie, que tenga interés y que sea verdadera. Y decir lo que pasa, por qué pasa y cuándo pasa. O sea, las normas esenciales del periodismo.

-Lo que los anglosajones que citas llaman la “columna informativa”, que aquí no se ha practicado mucho…

-Sí, bueno, dicen que yo he inventado un nuevo tipo de columna pero eso no es cierto. Si lees a los columnistas internacionales ves que no tienen tanto afán literario como nosotros sino que publican las cosas que están ocurriendo. No es una sucesión de metáforas o de frases bonitas sino que intentan contar lo que pasa.

11-09-1998-vera-barrionuevo“¿Cómo voy a olvidar yo que una tarde, con mi amigo Manolo Sánchez, enviados de El Mundo a la cárcel de Guadalajara, cuando estaba lleno de banderas -sobre todo de Extremadura, banderas rojas, banderas del PSOE, banderas con la rosa; cuando me vieron empezaron a decir “hijo de puta”, “fascista”, “te vamos a matar”? ¿Cómo voy a olvidar eso?”

-Estos días han imputado y desimputado a Marhuenda y a Casals, ¿crees que lo que les ocurrió eran cosas del oficio, en general, o de esta Corte, en particular?

-De los compañeros no voy a hablar. Como los gángsteres, nunca me meto con el panadero de la esquina. Yo quiero mucho a Paco Marhuenda, es compañero mío de tertulia y es un héroe habiendo defendido durante tantos años a un gobierno moribundo, lleno de corrupción. Hay que tener huevos pa hacer eso también (risas). Y el otro [Casals] dicen que es el príncipe de las tinieblas, un personaje maquiavélico, muy interesante. Lo que sí digo es que, aquí en este país, el periodismo ha hecho un gran servicio a la sociedad. En los años noventa, trabajar en El Mundo de verdad que era heroico. Nos decíamos que éramos unos fascistas, que estábamos estigmatizados, nos echaban la espalda en el Parlamento. Y luego El Mundo ha demostrado que todo lo que dijo era cierto y que denunció la corrupción. Que gracias a El Mundo se llegó a las cloacas del Estado, se denunció el GAL, se denunció la corrupción política. El periodismo ha cumplido con su deber en este país. Vivimos en una democracia, a mi modo de ver, maravillosa. Ha habido corrupción pero se está denunciando. Se ha metido en la cárcel a príncipes, princesas, infantas, generales, políticos, jefes de partido, banqueros y su puta madre. ¿Qué quiere decir esto? Que a pesar de lo que se diga esta democracia tiene capacidad de reformarse a sí mismo, de hacer catarsis. Y, como en Italia, estamos reforzando la democracia con esto de que aquí no se salva ni dios. Que aquí el que la hace, como dice Rajoy, la paga.

-De aquellos años noventa que citas recuerdo una crónica del día que Barrionuevo y Vera entraron en la cárcel en Guadalajara. Felipe González los acompañó hasta la puerta. Escribías que te tuviste que refugiar en un bar y tomarte un par de gin tonics para escapar de un grupo de gente que te quería agredir. ¿Cómo sucedió aquello? ¿Y cómo ves las relaciones de la política con la prensa? ¿Ha cambiado?

– Veo que estás informado porque hay gente que ha olvidado las cosas. ¿Cómo voy a olvidar yo que una tarde, con mi amigo Manolo Sánchez, enviados de El Mundo a la cárcel de Guadalajara, cuando estaba lleno de banderas -sobre todo de Extremadura, banderas rojas, banderas del PSOE, banderas con la rosa; cuando me vieron empezaron a decir “hijo de puta”, “fascista”, “te vamos a matar”? ¿Cómo voy a olvidar eso? Yo no lo olvidaré. Eso fue un intento de linchamiento del que yo ni presumo, ni debe presumirse porque es nuestro deber. Pero fue impresionante. Hubo un momento en el que los periodistas de El Mundo estábamos acosados. Eso hay que recordarlo. Luego, mira, cuando un día estaba yo en Telecinco, en maquillaje, había un tío a mi lao con las cejas circunflejas. Y me dijo, “Raúl, yo te leo”. Y era Zapatero: “te invito a que vayas al Ritz a la una”. Y le digo, “no, si a mí el PSOE me tiene como uno de los enemigos”, no el número uno porque de esos había muchos… Pero insistió: “yo te invito”. Luego tuve una maravillosa amistad con Zapatero. De Zapatero se puede decir lo que se quiera de él pero respecto a la prensa fue un verdadero caballero, un demócrata. Te digo todo esto porque lo de Guadalajara fue muy fuerte. Muy fuerte. Y, por supuesto, las cosas han cambiado. En ese sentido, al PP se le puede acusar de muchas cosas. Sobre todo, que como no se refunde o haga algo se va a hundir como la Democracia Cristiana, que se hundió en quince días. Y la Democracia Cristiana estaba apoyada por el Papa, por la Mafia, por los americanos… y se hundió. El PP atraviesa un momento peligroso porque lo de “los papeles de Bárcenas” se ha reproducido estos días cuando ¡han vendido el agua de Madrid! Sin embargo, respecto a la prensa siempre ha tenido una tolerancia especial, no sé por qué.

csm_del_Pozo__Raul_b1c406f85a“Me considero un hombre de izquierdas, modestamente, que ha degenerado en un liberal. No liberal económico, sino liberal de los del XIX. Estoy orgulloso de haber trabajado en Mundo Obrero. Estoy orgulloso de haber apoyado a la Junta Democrática del Partido Comunista porque creo que fue importante, porque fue el partido de la reconciliación, de la Constitución, del pacto por la libertad… Estoy orgulloso de esa época”

-En abril, al conocerse los últimos escándalos de corrupción, decenas de personas se concentraron frente a la sede del PP para hacer una “cacerolada”. Escribías de eso mismo el día 27, de los escraches a las sedes del PP. ¿Vuelve la gente a indignarse con el olor a podre en España?

Creo que sí. Creía que se había serenado el país con el crecimiento económico y la estabilidad política. Pero noto estos días una gran tensión otra vez. Me ha llamado mi hermano -que es un jubilao- desde Galicia, y me ha dicho: “estáis locos, lo que está pasando en Madrid es insoportable, la gente empieza a estar hasta los huevos.” Y yo creo que efectivamente la nata está subiendo. Volvemos un poco a la crispación de los días de los papeles de Bárcenas. Yo creía que era un asunto “descontao”, como dicen los políticos, que la gente quiere olvidar lo que pasó, pero no olvida. Aquí va a pasar algo si no se toman medidas serias. Y serias consiste, yo creo, en una refundación del Partido Popular. Hay gente que ha hecho grandes servicios a este país. El PP ha hecho cosas buenas por este país. Pero llega un momento en que, como no haga algo serio por renovarse, esto se puede hundir. Y con él se hundiría una estabilidad política y económica.

-¿Crees que esa refundación, realmente, se puede producir?

-Yo no lo sé. Pero el Partido Popular es uno de los partidos más grandes de Europa. Es un partido que, a pesar de lo que digan, ha mantenido el estado de bienestar después de la recesión, no es verdad que haya copago en la Sanidad, es verdad que ha sufrido mucho la gente pero no tanto como dicen. Ha hecho grandes servicios. Ha conjurado la crisis económica. Pero no ha resuelto un problema esencial: la corrupción. La corrupción, la corrupción, la corrupción. Y piensan que se va a olvidar y no se olvida. Porque ha sido muy fuerte. Porque en este país hay ocho o diez políticos, dirigentes del PP, que han robado hasta el agua. Es una cosa asombrosa. Lo de Italia es una broma al lado de esto. El Partido Popular ha hecho grandes cosas pero tiene que darse cuenta de que o se refunda y cambia, o se va a la mierda, y con él se va posiblemente la estabilidad política y económica. A mi modo de ver, pero yo me equivoco siempre en política.

-Quizá juegan como el tahúr que, en una mala racha, se limita a esperar…

-Ya sabes lo que decía Francia: hay problemas por resolver y problemas que se han resuelto solos. No, yo no voy a comparar a un partido democrático con la dictadura pero esa especie de sorna, de paciencia, de ironía, de retranca, de que las cosas se arreglan solas, no es verdad. Las cosas no se arreglan solas. La corrupción en España… es verdad que votan a los partidos a pesar de la corrupción, pero hay sectores minoritarios que empiezan a ser levadura, que vienen a ser pensamiento crítico y que no les gusta que los políticos, que son los padres de la patria, que son los que tienen que guardar la democracia, sean unos ladrones. Llega un momento en que la gente se ofende. Y se amotina.

-¿Qué queda del Raúl Júcar / Raúl del Pozo reportero de Mundo Obrero?

-(Risas) Es una buena pregunta. Sí, bueno, estoy orgulloso de haber trabajado en Mundo Obrero. Estoy orgulloso de haber apoyado a la Junta Democrática del Partido Comunista porque, tú que eres asturiano lo sabes, creo que fue importante, fue el partido de la reconciliación, de la Constitución, del pacto por la libertad… Estoy orgulloso de esa época. En algunas cosas me considero de izquierdas pero también me asustan y me ofenden ciertas actitudes de sectarismo, la sobreactuación, la demagogia que noto en la izquierda. Pero, vamos, me considero un hombre de izquierdas, modestamente, que ha degenerado en un liberal (risas). No liberal económico, sino liberal de los del XIX.

-Lamenta Jorge Bustos en el prólogo a este libro que estáis escribiendo en un mundo de “ágrafos digitales”. ¿Le ves futuro a la columna?

-Es que no sabemos lo que va a ser del periodismo. No sabemos cuánto van a durar los periódicos de papel. Los daban por muertos y no han muerto. Ahora me llama mi hermano y me dice: “te he leído en el teléfono”. Ante eso… Yo creo que internet ha creído que los columnistas no eran necesarios pero se equivoca. Porque información hay demasiada, instantánea. Hay vídeos de un asesinato casi en directo. Pero hace falta la reflexión y, en ese sentido, creo que se han equivocado los periódicos porque empiezan a menospreciar al columnista y, poco a poco, vuelven los columnistas a tener función. Creo que el columnista es necesario porque siempre hace falta alguien que reflexione, que dé un punto de vista posiblemente subjetivo pero que es necesario. En el caos todos somos muy felices pero hace falta sistematizar el caos.