FICX’55: Whit Stillman, americano sin lágrimas

Por Adrián Esbilla

Vuelve Whit Stillman y sentimos como si nunca se hubiese ido. Su cine es un acogedor espacio de frivolidad. Un lugar en el cual hablar con ligereza de las cosas importantes y con importancia de la cosas livianas. La nueva edición de FICX, la 55, contará con Stillman como presidente de un jurado compuesto por la cineasta Andrea Jaurrieta, la productora Eugenia Mumenthaler, la actriz Cuca Escribano y el director de programación y crítico Dennis Lim. También servirá para que el director norteamericano, con una larga relación con España, recoja el Premio de Honor durante la gala de inauguración del día 17 de Noviembre y para poder ver en el Teatro Jovellanos su última película, Amor y amistad

Desde Neville queremos resumir a este cineasta, superviviente del Indie americano de los 90 y observador tierno, como si Jane Austen hubiese escrito cuentos para el New Yorker, o mejor, como si se hubiese encargado de sus viñetas humorísticas. Es probable, entonces, que estas hubiesen sido muy parecidas a las escenas de las películas de Whit Stillman. Comentarios de clase sin amargura, retratos melancólicos al natural que hablan del mundo que le rodea sin ponerse por encima del mismo, comprendiendo que sus faltas, sus mezquindades y sus bondades son las suyas propias. Historias de condenados burgueses enamorados.

 

TED : -El mundo ha sido puesto patas arriba…y así se ha quedado”,

FRED: -¿Nunca se te ha ocurrido que tal vez estuviese patas arriba antes y ahora esté bien puesto?

Barcelona (1994), de Whit Stillman.

Ted y Fred, Taylor Nichols y Chris Eigeman, son las dos caras de Whit Stillman. Variaciones de ellos mismos y de su autor. Actores que se parecen entre ellos y al propio Stillman. Hablan educadamente y visten al estilo de la Ivy League. Tienen un curioso sentido del humor y una decencia fundamental. Son románticos y morales. Son la alta burguesía urbana, como los definía Charlie Black (de nuevo Taylor Nichols) en Metropolitan (1990). Son los americanos inocentes.

18195988_1470784216328963_1443080365_o
Amor y amistad (2016)

Sus héroes se sorprenden ante la vida que les ocurre, que les deja perplejos e indefensos. Están sometidos a lo azaroso, a las confusiones sentimentales, al destino. Los cambios de pareja, la circulación del romance, define su narrativa. La alternativa, los encuentros y desencuentros. La idealización romántica de sus héroes y heroínas se va disolviendo en algo más mundano, más cercano. Sus película son comedias de costumbres sociales y sentimentales, la comedy of manners de Jane Austen, autora con la cual Stillman se ha relacionado de modo oblicuo desde Metropolitan para terminar por adaptarla finalmente en Amor y amistad (2017, título que es un resumen de la obra del propio Stillman), una película paradójica: siendo su única de “periodo” es la que parece más contemporánea; es, además, la única protagonizada por una antiheroína, un personaje abiertamente cínico, descarnado en su modo de sobrevivir su propia clase social y mantener su estatus artificial. Lady Susan (Kate Beckinsale) ya no se sorprende de la realidad, la reconfigura para que esta sirva a sus fines. Lady Susan reconoce la ficción en la que vive.

Ted Townsend (Edward Clements) y Audrey Rouget (Carolyn Farina) discuten sobre la adecuación a los tiempos del Mansfield Park de Jane Austin sin darse cuenta de que viven en una versión de la misma. El amor y la amistad todavía no han sido mercantilizados y convertidos en materia irónica. Todavía son inocentes. Los protagonistas de Metropolitan son post-adolescentes, debutantes en sociedad mientras Lady Susan ya ha pasado y desentrañado todos esos ritos. Escribe Sharon C. McGovern en su artículo “Radical Decency” (http://www.thecobrasnose.com/xxmovie/stillman.html) sobre como los personajes de Stillman, el continuo que su breve filmografía ofrece, experimentan un tránsito hacia la adultez. En Metropolitan los padres aparecen brevemente o se habla de ellos. En Last Days of Disco (1998) son una fuente de ingresos en off, un modo de mantener el nivel de vida yuppie de los que fueron preppies en Metropolitan. En Barcelona, obra intermedia pero paradójicamente más madura, los padres no son tenidos en cuenta o son objeto de un gag de largo recorrido sobre la decepción de haber sido enseñado a afeitarse en la dirección incorrecta. Uno de esos pequeños inconvenientes simbólicos que amargan la vida a los personajes de Stillman. En Amor y amistad son motivo central. Las familias irrumpen en toda su complejidad y burocracia social. La protagonista, de hecho, es una madre.

Lady Susan se parece algo, otra variación, a la Charlotte que la misma Kate Beckinsale interpretaba en The Last Days of Disco. Y como en aquella, Chloë Sevigny sirve de contrapunto. Pero si en aquella era su opuesta, en esta es su complementaria, su cómplice. Tal vez nunca Stillman haya escrito un personaje tan desagradable como Charlotte, tan irritante. En una estupenda entrevista con el canal The Seventh Art (https://www.youtube.com/watch?v=B-mNoo5fOgo) Stillman reconoce que debió de ser más justo con Charlotte, darle una cierta calidez. Egocéntrica paroxística, Charlotte lleva al punto de lo insufrible esta característica de los personajes de Stillman que en Barcelona había manejado con gracia. En ella el peso del contexto sociopolítico opera a la inversa de lo habitual: la peripecia sentimental de los primos, sus catástrofes, en realidad sim importancia, tienen una dimensión muy superior a ese mundo exterior cambiante y en conflicto que les rodea. Están tan concentrados en ellos mismos que incluso el giro melodramático del atentado en jugado en este sentido: es una representación física de una culpa (real o figurada) moral, de un remordimiento y de la ocasión para repararlo.

18136379_1470786092995442_293754858_nCercano en algunos aspectos a Jean Renoir o a Eric Rohmer, Stillman es un cineasta moral. Su punto de vista no es irónico, pese a practicar la sátira. Comprende las debilidades de sus personajes porque son tan parecidos a él mismo que no hay modo de separarlos. Es compasivo y tierno y los enfados no le duran demasiado.

Para resarcirse ofrece en Damiselas en apuros (2011), una reescritura de Charlotte, encarnada ahora por Greta Gerwin. Violet es lo mismo que aquella, pero a la vez es totalmente diferente siendo la expresión más pura de la admiración de Stillman por la bondad; demuestra así como una variación en el punto de vista, en la severidad, transforma a un personaje. De igual modo Lady Susan puede ser una antiheroina, pero nunca una villana. Es manipuladora y egoísta, pero sus fines tienen un propósito mayor y son, junto a la (mala) reputación que la precede, sus armas para sobrevivir en un círculo social hostil.

Los personajes de Stillman son dolorosamente conscientes de su constante presencia social, del “ser social”. La compostura de los personajes se expresa en su ropa formal, en sus cortes de pelo y su modo de hablar. El lenguaje es uno de los fundamentos del equívoco naturalismo de Stillman. Pareciendo alambicado es simple y directo. Los personajes dicen los que piensan sin rodeos y con exactitud. Son honestos, americanos de un modo idealizado (y moral). Sus diálogos son como sus primeros planos: frontales, iluminados en los ojos. Hay en ellos una desnudez que contrarresta el artificio.

 

 

18159751_1470783192995732_1571929777_o
The Last Day of Disco

Las voces over que puntean sus relatos ejercen como voz privada de los personajes. Suenan como la lectura distanciada de un diario que los separa así del “yo” que representan y expresan su genuina opinión en relación a como se ven forzados a asumir un compromiso social. Stillman dice que el individuo sobrevalora y sobreanaliza su propia relación con el grupo. Que el grupo, finalmente, se ajusta de modo más natural a los procesos de sus individuos, que ese proceso es más indiferente de lo que el individuo cree, que la sensación de estar siendo observado constantemente proviene del interior de uno mismo, que la represión, en definitiva, es autoinducida. Ted Townsend, el primer falso cínico de su filmografía, es un forastero en el East Side que debe alquilar su tuxedo ya que no posee uno. Es más snob que la sociedad snob en la cual pretende integrarse. Es él quien observa y juzga hasta que comprueba que es, precisamente, su postura cínica la falsa, la artificial. Es entonces cuando encuentra el verdadero romance y la amistad.

Stillman nunca puede ser Ted, porque él no mira desde fuera ese círculo, esa clase social. Es Charlie y también buena parte Nick Smith, un Chris Eigeman que ejerce por vez primera de su gemelo malvado, como alguna vez ha dicho. Stillman no mira por encima del hombro, no mira ni hacia arriba, con envidia, ni hacia abajo, con arrogancia; mira de frente. Su cámara, en consecuencia, también lo hace. No está fascinado por el ritual, por los usos y costumbres, simplemente son, están. El linaje de Stillman se remonta a la América en formación, al old Money. Es hijo de un político demócrata ligado a los Kennedy, pero pese a ello (o debido a) es políticamente conservador moderado. Graduado en Harvard, expublicista y escritor frustrado de cuentos, ha publicado dos novelas a partir de sus películas, Cócteles y caviar (es decir, The Last Days of Disco…With Cocktails at Petrossian Afterwards) y una especie de novelización de su guión para Amor y amistad que reescribe a su vez la novela Lady Susan de Jane Austen, Love & Friendship: In Which Jane Austen’s Lady Susan Vernon Is Entirely Vindicated. Ambas son, de nuevo, variaciones, cambios en el narrador respecto a las películas de las cuales surgen. El mundo de Stillman es cerrado y circular, endogámico, basado en la iteración de distintos caracteres que son esencialmente los mismos.

Fue John Sayles quien inspiró a Stillman, tal vez a una generación de cineastas independientes, en el cambio de década de los 70 a los 80 para cambiar la literatura por el cine. Su ejemplo consistía en la posibilidad cierta de fabricar películas pequeñas basadas en la experiencia personal. Tardaría otra década en fructificar y España resultaría clave. En la primera mitad de la década Stillman ejercía de ejecutivo de una distribuidora, vendiendo cine español para el mercado del cable. Estuvo en el esplendor comercial de la Comedia Madrileña junto a Fernando Trueba y Fernando Colomo (aparece como actor en La línea del cielo, 1983) y en su propio cine puede rastrearse con facilidad la huella del estilo de comedia de ambos cineastas.

Trueba y Colomo, el modo de trabajar que Stillman vio en directo, reforzó la impresión causada por Sayles y entre 1989 y 1990 produce y dirige Metropolitan, un cuento de Navidad en Nueva York que había escrito a lo largo de la segunda mitad de la década. En los 90 fue capaz de producir con cierta regularidad, tres películas en ocho años, debido al contexto favorable para el cine de bajo presupuesto. Es la década de la eclosión del cine independiente americano a partir de la irrupción de pequeñas compañías, caso de Castle Rock que financió Barcelona y The Last Days of Disco, y de circuitos de distribución que se establecieron como un sistema paralelo, con sus propios directores e intérpretes, al de Hollywood. Los cineastas independientes de los 90 no experimentaban ese deseo de ser absorbidos por la maquinaria, la necesidad de protección frente a la intemperie de los actuales, felices de llamar la atención con una o dos películas para de inmediato integrarse en el funcionamiento de alguna franquicia. El contexto era otro, y la posibilidad de desarrollar una carrera fuera de Hollywood fue cierta durante unos años. La carrera de Stillman apreció terminarse cuando esa certeza lo hizo. A lo largo de la década de los 2000 no pudo levantar ni una sola película.

18159764_1470782792995772_243929182_o
Damiselas en apuros, 2011

 

Damiselas en apuros (2011) fue el regreso de Stillman tras un hiato que pareció eterno. Casi un milagro surgido de la nada se convirtió en un pequeño éxito, quizás debido al tirón de Greta Gerwin, quizás debido a la nueva escena indie que factura comedias observacionales y tiene querencia por lo excéntrico. Stillman es una rareza y el modo de producción de Damiselas en apuros, producida por Stillman pero distribuida por Sony no tiene continuidad. Para Amor y amistad tendrá que irse a Irlanda, porque las películas hoy se producen a trozos, con aportaciones internacionales (una compañía francesa pone otra cuota) de donde salgan y recurrir a su vieja amiga Kate Beckinsale, quien con su estatus estelar arrastra a los inversores. Entre medias lo había intentado en la televisión, presentando un piloto para Amazon, The Cosmopolitans (2014), donde repetía con Adam Brody y Chloë Sevigny dentro de un reparto coral  que venía a sintetizar elementos de us tríptico de los 90.

Con Damiselas en apuros, Stillman ya no puede soportar la realidad y propone una sustitución de la misma. Los personajes ya no tienen su edad y Stillman reconoce aquí, y espués en Amor y Amistad, su distanciamiento total del presente; de cualquier presente. Damiselas en apuros es una comedia vaporosa, excéntrica y encantadora en la superficie pero desesperada en el fondo. Una suerte de versión intelectualizada pero absurda, de colores pastel y música feliz de la comedias universitarias que cita de frente al Desmadre a la americana (1978) de John Landis y que se parece de modo singular al Everybody Wants Some! (2016) de Richard Linklater. Stillman reconoce y rechaza un error cometido en sus dos obras anteriores: creer en la necesidad de una trama, y regresa a las viñetas de Metropolitan. La realidad se rechaza por completo y se sustituye por otra que rima y asume el epílogo musical de The Last Days of Disco.

The Last Days of Disco moría al borde de los 90 y con ella parecía desvanecerse la filmografía de Stillman. Y estaba bien, era triste y dejaba la misma sensación nostálgica que sus películas. De algún modo era el cierre coherente a una obra. Como si ya no tuviese más que decir, como si aquel mundo y aquellos personajes hubiesen llegado a su conclusión natural. Stillman había intentado algo más ambicioso formalmente y no le había salido; no estaba equipado para ello. La austeridad de Metropolitan y Barcelona se perdía sin llegar a ser sustituida del todo por otra cosa. Cuando regrese más de una década después, su estilo estará libre de cualquier pretensión. Damiselas en apuros y Amor y amistad son simples, seguras y controladas.

18176195_1470785119662206_1280819321_o
Metropolitan

En realidad todo Stillman estaba ya contenido en Metropolitan; una de esas raras películas perfecta, definitivas, concluyentes. Todos los temas que ha seguido tratando (la clase, la lealtad, el sentido de pertenencia, el paso del tiempo, la inocencia, la percepción romántica…) y todas sus influencias (Jean Austen, Edith Warton, F. Scott Fitzgerald, Evelyn Waughn, Muriel Spark…) decantadas en un película idiosincrática, única, concreta. Nunca ha sido más melancólico, sus actores han estado tan sobrios, su trabajo de cámara ha sido tan depurado ni su montaje tan preciso. Todo cuanto Stillman tiene que decir (ética, social, estéticamente) queda dicho. Quizás por ello Barcelona y Last Days of Disco sean regresos al semillero de Metropolitan, a las proyecciones de sus personajes y sus conflictos en otros.

18136278_1470784736328911_2002212852_nMetropolitan es una narración del después, viñetas de tiempos muertos. Es una película algo cansada, sintetizada en esa imagen recurrente de jóvenes vestidos de gala para no hacer nada. La melancolía y el humor, el comentario social agudo y la sinceridad sentimental se entrelazan bajo una luz cálida, más matizada que en sus películas posteriores. Nada parece tener gran importancia y al tiempo todo es catastrófico.

Metropolitan es como una respuesta sofisticada, upper class, a las comedias adolescentes de John Hughes o como La edad de la inocencia pero dentro de un sistema de producción y un modo de representación opuesto. Es La regla del juego entre apartamentos burgueses neoyorquinos; un limbo intermedio entre la verdadera aristocracia y la clase media del otro lado de la ciudad. Gente que solo tiene su apariencia y costumbres y por ello las atesoran tanto. Están condenados a fracasar, como señala Charlie en el ideólogo del grupo, porque en la escala social ya solo pueden ir hacia abajo.

La sensación de precisión espacio-temporal es un espejismo. En Barcelona o The Last Days of Disco hay una mayor apariencia de realismo en tanto en cuanto vemos a los personajes negociar con la vida diaria (puestos de trabajo, traslados apartamentos, incluso aspectos sociopolíticos…), mientras en Metropolitan esto estaba trasladado con aspectos mínimos, y por ello mucho más importantes como lograr que el tuxedo esté a tiempo en la lavandería, usar cuello duro, tener una americana de repuesto o camisas apropiadas. Todo es un falso naturalismo inducido por la sencillez formal de Stillman. Su cine es memorístico, parcial. Vívido y difuso a la vez, como el propio recuerdo de las cosas. Los lugares y los hechos son imprecisos, pero las sensaciones, los sentimientos, son precisos. “Navidad. No hace tanto tiempo”, “La última década de la Guerra Fría”, “Los últimos días del Disco”. En Metropolitan hay una profunda sensación de pérdida, de un tiempo que se desvanece y todo su tríptico original está imbuido por similar carácter de fábula. Damiselas en apuros lo remacha pero Amor y amistad hasta cierto punto lo impugna o como poco lo matiza delatando la tensión entre la localización moderna de sus ficciones y la suerte de moral o educación demodé de Stillman y sus personajes.

En Metropolitan, Tom le dice a Audrey : “-Todo lo que Jane Austen escribió resulta ridículo desde una perspectiva contemporánea”

Audrey responde: “- ¿Nunca se te ha ocurrió que hoy, visto desde la perspectiva de Jane Austen, sería mucho peor?

90f255c21c17